Me sentía ansiosa, no quería a nadie más que a Zahid a mi lado y pensar en que tendría que enfrentarme al abuelo era algo que no me apetecía del todo. Pero ahora que tenía un sentimiento recíproco, no pensaba dejarlo ir y menos por terquedades de este señor. —Escuche, no soy un gran hombre que se encuentre a la altura de Kenna. Sin embargo, le puedo asegurar algo, mientras ella esté a mi lado, no voy a permitir que nadie le haga algo o que derrame una lágrima. Si en algún momento de nuestras vidas tenemos que separarnos, le doy mi palabra de que voy a evitar que ella sufra. —¿Y qué más? —Y juro que le daré todo lo que ella necesite, no solo hablo de cosas materiales. Si no que estoy dispuesto a entregarle el corazón que pensé que estaba muerto, pero que mi amada Princesa del Zoco trajo

