—Tú me gustas. No solo por inigualable belleza, tu sobresaliente intelecto o tu personalidad —dijo Heros, con sus ojos cristalizados. Pero no se permitiría llorar en ese momento, porque no era el mismo que antes.—. Estoy enamorado de ti. —Sintió como las palabras se atoraban en su garganta. Había olvidado cómo era que se hacía una confesión, porque jamás la había hecho, porque con Lacey solo le había preguntado si quería ser su novia y había aceptado. No tenía idea de que fuera algo tan difícil de hacer. La agarró por las manos—. Te amo, Hestia. —Al fin pudo decirlo. Una extraña corriente viajó desde su pecho, su cuello y finalizó en la punta de sus dedos—. Quizás, ahora debamos esperar un tiempo. Pero más adelante quisiera ser tu novio, prometido, marido o esposo; todo lo que tú desees o

