El destino podía tacharse de cruel y la vida no siempre era justa, siempre solía lastimar en los momentos menos esperados. Lorraine estaba desecha, sentía como su cuerpo entero temblaba cargado de dolor mientras miraba el cuerpo de Giovanni siendo conducido de inmediato por aquellos pasillos del hospital. Wagner le había suplicado que se quedara, se lo había suplicado, pero ella no lo había escuchado. Siguió a Giovanni por aquellos pasillos mirando la línea de sangre que iba dejando a su paso. Lorraine sintió como su pecho se apretaba al notar las voces de los médicos decir toda clase de cosas que ella apenas comprendía, pero de todas aquellas palabras y terminaciones médicas escuchó una que la dejó helada: no hay actividad cardiaca. Realmente su corazón no latía. Todo fue demasiad

