Todo cae por su propio peso. Era un dicho bien escrito, cada cosa, con el paso del tiempo teniendo la paciencia correcta, regresaba a donde siempre debió estar. Giovanni tuvo claro eso luego de despertar, había sido una recuperación dura y dolorosa hasta cierto punto. No había nada peor que ese dolor en las costillas. No importaba cuando dijera que estaba bien, nada parecía ser suficiente para Lorraine, esa mujer vivía pensando en que un simple dolor de costillas le mataría. No le culpaba, solo una persona que había estado al borde de perder a la persona que amaba podía decir en carne propia lo que sentía con aquella preocupación. —Estoy bien, no quiero más medicinas. —Tienes que tomarlas, Alexander. —Maldita sea, la abuela nunca debió decirte lo mucho que me enfada que me llame

