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2106 Palabras

Regina Odiaba muchísimo a Patricio en ese momento. Habíamos comido lo mismo anoche y, mientras él estaba feliz en su trabajo, yo me moría del dolor de estómago. Sentía que cada contracción era una punzada punzante, y mi malestar me mantenía en la cama, completamente derrotada. Le pedí a Clara que me preparara un té, esperando que al menos eso aliviara mi sufrimiento. Mientras me acurrucaba entre las sábanas, el aroma del té no llegaba a ser suficiente para calmar mi malestar. Estaba atrapada en mis pensamientos de ira y frustración cuando, de repente, mi tía Margarita entró en la habitación. —¿Qué pasa, preciosa? —preguntó, inclinándose para dejar un beso suave en mi frente. —Tía, me muero —murmuré, tratando de expresar lo mal que me sentía. Ella no pudo contener la risa. —Eres una d

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