Estoy muy asustada. Jamás imaginé que moriría tan joven, y más que miedo a lo desconocido, me da miedo dejar a mi mamá, a Dante, a mi familia y a mis amigos. Aún no puedo creer que esto me pasó precisamente a mí. No entiendo quién podía irme tanto para querer lastimarme. —Tranquila, hermosa —respondió Patricio, acariciando mi mano—. Ni tu mamá ni tu tía son compatibles, pero Dante aseguró que tenía el candidato perfecto. Me arrancaría un pulmón por ti si fuera necesario. —Pato, yo quiero que tú seas muy feliz. Por favor, si yo me voy, encuentra el amor. No te cierres —le pedí, con la voz entrecortada. —Te prohíbo que me pidas eso. Tú eres mi esposa y siempre lo serás —afirmó, mirándome con intensidad. En ese momento, fuimos interrumpidos cuando llegó Jacqueline. Me di cuenta de que la

