Patricio: Me encontraba besando a Regina en los labios mientras ella estaba sentada sobre mí. Lo que más deseaba era hacerla sentir mucho mejor, borrar al menos un poco del dolor que llevaba consigo. Mis manos acariciaban suavemente sus mejillas mientras mis labios se mantenían firmes sobre los de ella, que eran tan suaves y dulces. Cada beso era una promesa de apoyo y cariño. Me encanta todo de ella: sus ojos verdes, tan grandes e intensos; su piel, suave como la seda; su boca, que es tan perfecta; su cuerpo, su personalidad que me vuelve loco. Todo en ella me atrae y me hace sentir completo. —¿Estás bien? —le pregunté con voz suave, sin querer interrumpir el momento, pero preocupado por su bienestar. —Sí, solo quiero dormir, amor —respondió, con la voz cansada pero tranquila. Me enc

