El lugar que elegimos para la cena fue un exclusivo restaurante a las afuera de San Jerónimo, por supuesto que íbamos acompañados por nuestros guardaespaldas. La mano de Liam reposaba en la parte baja de mi espalda, mientras seguíamos al mesero que nos acompañaba hasta nuestra mesa. Ese contacto que parecía casual, no me terminó de agradar. —Estás muy hermosa—me aduló—. El vestido combina con tus ojos — mencionó, mientras me retiraba la silla para acomodarme. —Gracias —contesté con educación, acercándome a la mesa y maldiciéndome por sonrojarme. Me había costado una eternidad elegir el vestido con el que iría esa noche. Quería estar a la altura del local, pero que no pareciera que me había arreglado en exceso. El camarero trajo el menú. Elegimos lo que cenaríamos y me coloqué la servi

