A la mañana siguiente desperté con Nikki pegada a mi torso y ni pude evitar sonreír con adoración. Mi hija es todo lo que tengo y el recordar a Nicholas me hace pensar que debo hacer algo para que él no la toque, para que él no se quede con ella. —Mami, tengo hambre —balbuceó ella. —Vamos a asearnos y después buscaremos comida —le dije. Me percaté que dentro de la habitación había una puerta más lo que supuse era el baño así que llevé de la mano a Nikki y ambas nos aseamos. Después de esto salimos captando la atención de las personas que se encontraban en el pasillo poniéndome incómoda, sin embargo, alcé la cabeza tratando de no parecer intimidada y me dirigí a la persona más cercana que encontré para preguntar a dónde estaba la cocina. El hombre me respondió agregando la palabra lun

