Pablo se siente confundido y aturdido al saber que Liliana está enferma, intenta mantener la compostura sin dejar de sentirse como un intruso en su propia casa, así la siente aunque ya no viva allí y menos sea parte de ese hogar que por mucho tiempo fue suyo, observa que sus hijos quienes evidentemente lo miran con recelo y no ven en él la imagen del padre que ha sido para sus hijos y su hijo mayor, siendo sincero sabe que no puede pedirle peras al olmo y ese es su caso, ha sido padre para los jovencitos pero no la clase de padre que fue con sus otros hijos, y todo a causa de su matrimonio con Ana Cristina y sus ansias de estar con una mujer diferente mientras su mujer estaba con otro cuidando de sus hijos, unos hijos que le dijeron padre a ese otro y no a él. -¿En qué piensas? - inquiere

