Capítulo 14

2011 Palabras
Bosque Boca del Lobo Casa de la Manada Pure Blood Quería esperar por Ayla. Darle tiempo. Ver si después de lo que le confesé anoche había creído en mí. Pero no. No hubo preguntas, no hubo comentarios. Solo silencio. Ella lo dejó pasar, pero yo no podía. La esperé al salir de su clase. Aunque le había prometido llevarla directo a su trabajo, sabía que antes debía ser completamente honesto. El cielo aún estaba oscuro cuando salió un poco antes de la academia de ballet. La noche era perfecta. El aire fresco, la luna llena bañando el bosque. La llevaría a la reserva. Al único lugar donde podía mostrarle quién soy realmente. —Este lugar es precioso —dijo Ayla, sus ojos brillaban al mirar el bosque—. Creo que es la primera vez que vengo aquí. Sonreí al verla así, tan distinta a la mujer nerviosa y distante de anoche. —Nadie puede entrar aquí —le expliqué, mientras avanzábamos, nuestras manos estaban entrelazadas—. Este es mi territorio. Mi reserva es sagrada. Nadie entra sin mi permiso. —No esperaba que tuvieras tierras —admitió, echándose a reír—. Eres un viejo ricachón, Velkan. —En los últimos años, mi imperio creció mucho —alcé las cejas—. Tengo gente competente que me ayuda. ¿Qué pasa, Ayla? —Pues... creí que eras un hombre pobre —dijo, soltando mi mano fría—. Como te encontré tan mal ese día, no imaginé que tuvieras algo tan grande. Un destello amargo cruzó por mi pecho. En este mismo lugar, muchos años atrás, le había confesado todo a Sara. Recordé cómo ella, incómoda, también soltó mi mano. —Debo vivir de algo, bonita —le dije, besando su nariz y guiándola al centro del bosque—. Bienvenida a Boca del Lobo. Ayla abrió los ojos con asombro. El claro se extendía ante nosotros: la luna llena colgaba en el cielo como una perla radiante, iluminando hasta el rincón más oscuro del bosque. La cascada caía en un lago cristalino, reflejando el brillo plateado. Las piedras, pulidas por el tiempo, formaban un círculo perfecto a nuestro alrededor, el césped parecía una alfombra tejida por dioses. Todo en este lugar hablaba de cuidado, de un orden antiguo. Gracias a mis Omegas, el bosque estaba impecable. Mi orgullo. Mi refugio. —¿Vas a matarme? —Ayla me miró, su voz era apenas un susurro. El olor de su miedo llenó el aire, un aroma punzante, eléctrico. Podía escuchar el latido acelerado de su corazón aunque nos separaban metros—. Yo... de verdad creí que lo nuestro era real. Me gustas muchísimo, Velkan, pero... no me mates. El cumpleaños de Parker es en un par de meses... quiero celebrar su hermosa vida. Reí suavemente, levantando las manos en señal de paz, y le hice señas para que se sentara en una piedra. —No voy a matarte. Lo siento si te hice sentir eso. Ella suspiró, visiblemente aliviada, y se dejó caer junto al lago. Metió la mano en el agua, soltando un quejido al notar lo fría que estaba. —Este es el lugar más seguro para decirte quién soy —me senté frente a ella—. Quién soy de verdad. —No entiendo —frunció el ceño, frotándose la mano para darse calor—. ¿No eres quien dices ser? El miedo volvía a filtrarse en su aroma. Por favor, no huyas. —Hace años, perdí a mi compañera. No tuve oportunidad de ser feliz con ella. Solo le mostré sufrimiento —tragué grueso, una vieja punzada atravesándome el pecho—. La primera compañera que tuve me dejó cuando era joven. Sara... murió frente a mí. —Oh, por Dios —llevó las manos a su boca, sus ojos se llenaron de lágrimas—. Lo siento muchísimo, Velkan. —No te preocupes —sonreí con tristeza—. Por negocios, me comprometí con una hembra Beta, pero eso no funcionó. La Diosa Luna la bendijo con su compañero destinado. Días antes de la boda, desapareció. —¿La encontraste después? —preguntó suavemente, colocando su mano sobre la mía. Negué con la cabeza. —Solo desapareció... —¿Qué posición querías? ¿Tanto deseabas el poder? —su voz temblaba, pero no apartaba su mano. —Mi padre quería que me uniera a una de las familias más poderosas —acaricié sus dedos—. Y ella era... perfecta por ser hija de un Beta poderoso. —¿La amabas? —No, pero me había hecho la idea. Con Sara, las cosas fueron diferente. Ella era mi alma gemela. Mi manada la había aceptado. Así como lo está haciendo contigo. Ayla asintió en silencio, con los ojos brillantes. —¿Manada? ¿Lo de anoche era en serio? —la inseguridad volvía a instalarse en su voz—. Yo... no soy muy querida por todos, pero... aceptaré el halago. Un velo de nubes cubrió la luna. Ambos miramos al cielo, y por un segundo, sentí que el tiempo se detenía. —Sara era diferente —dije, volviendo la mirada a ella—. Más terca y desconfiada. Me odiaba, creo. No era de aquí. Y cuando la encontré, después de tantos años, fui torpe. Tosco. La asusté. —¿De dónde era Sara? —su expresión se endureció. —De otra dimensión. Ayla se levantó de golpe, con el rostro pálido. —¿Qué? Eso no existe, Velkan. Sé honesto. ¿Qué está pasando? —Ayla, escucha. Sara vino de otra dimensión. Murió la noche de mi cumpleaños 400, durante mi ascenso como Alfa. He cargado con esa pérdida desde entonces —me levanté lentamente, sin romper el contacto visual—. Nunca pensé que la Diosa Luna me enviaría otra compañera. Pero lo hizo. —¿Eres un cambiaformas? —murmuró, caminando nerviosa—. No puedes ser un lobo. He escuchado historias. El Alfa Blood es cruel, despiadado. Tú... tú no eres así. Solo eres un idiota, a veces. —Ayla —supliqué suavemente—. Lo siento. Pero tienes que verlo para creerlo. —No... Velkan... no... —No huyas después... Me quité el esmoquin. La luna reapareció entre las nubes, brillante e implacable. Le di paso a Xander. Los huesos crujieron. La piel ardió. Las manos se alargaron en patas, el torso se expandió, un manto de pelaje blanco me cubrió. Mis orejas puntiagudas captaron el latido desbocado de Ayla. Y entonces lo vi. El terror puro en sus ojos. Su llanto rompió el aire. —Dios mío... —retrocedió, cayendo de rodillas—. Entonces los sueños eran verdad... "Hola, Ayla." La voz de Xander resonó en su mente, suave y compasiva. "Soy Xander, el lobo de Velkan. No nos temas. Nunca te haremos daño, compañera." Ella sollozaba, temblando, cubierta por sus propias manos. "Xander," le pedí en voz interna, "déjame hablar con ella." "Es nuestra compañera... quiero calmarla," dijo él, lleno de pena. "Déjame intentarlo. Todo estará bien," Con un último vistazo de dolor, Xander cedió. Volví a mi forma humana. Me vestí a toda prisa y me acerqué. —¡No me toques! —Ayla levantó el rostro, con su expresión hecha pedazos—. ¡Me mentiste todo este tiempo! —Ayla, por favor... —¡No! —se puso en pie, torpemente—. Era verdad... todo era verda. ¡Los sueños eran verdad! Vi su corazón romperse frente a mí. Y por primera vez en siglos, sentí miedo. El miedo a perder algo que apenas había empezado a tener. Ayla temblaba, hecha un ovillo frente al lago, con la respiración quebrada. —¿Cómo... cómo pudiste? —murmuró, sentándose de golpe—. Me hiciste creer que estaba loca. Mi mente mostrando cosas que eran verdad, pero no estaba segura... —Ayla... —di un paso hacia ella, sintiendo que el aire pesaba toneladas—. No soy solo eso. Pero soy el mismo que te cuidó, el que te sostuvo cuando temblabas. Solo... ya no puedo seguir ocultando todo. Ella levantó la cabeza, con las mejillas empapadas, con los labios rotos de tanto apretar los dientes. —¿Qué... qué más, Velkan? ¿Qué más me ocultas? Cerré los ojos un segundo. Lo que iba a decir era un veneno que la destruiría. Pero ya no podía quedarme callado. —Parker... —tragando saliva, me obligué a mirarla—. Parker no volverá a ti. —No... —susurró ella, ladeando la cabeza como una niña perdida—. No... no digas eso... él... él está en casa... está esperándome. —Ayla... escucha. Ella se levantó de golpe, trastabillando. —¡Mientes! ¡Lo estás haciendo para castigarme, para torturarme! ¡Parker no haría eso, Velkan! Mi voz se quebró. —Ayla... por malos entendidos, Aaron terminó con la vida terrenal de Parker. La vi parpadear, confundida. —¿Qué... qué estás diciendo? —Aaron... le arrancó el corazón. —¡NO! —su grito sacudió el silencio del bosque, como si la propia tierra se estremeciera—. ¡NO, NO, NO...! —¡Escúchame! —supliqué, dando otro paso y me puse de cuclillas frente a ella—. Fue por una mala decisión mía. Yo debía protegerlo. Yo lo expuse. Yo subestimé a Aaron. —¡NO! —Ayla me golpeó el pecho con los puños, como si intentara sacarse el dolor de adentro—. ¡Tú... tú viste que era un niño! ¡No lo merecía! —¡Lo sé! —me rompí por dentro, cayendo de rodillas—. ¡Lo sé, Ayla! No hay un solo segundo en que no me odie por eso. Pero Aaron... Aaron estaba fuera de control. Y yo... fui demasiado estúpido para verlo. Ella retrocedió, con las manos en el rostro y los sollozos desgarrándole el pecho. —¡Parker... mi hermano...! —murmuraba entre dientes—. Mi dulce y hermoso hermano... Y entonces me miró, con una mirada vacía, rota, un abismo que me tragaba vivo. —Te odio, Velkan Blood. Te odio por todo lo que hiciste. La vi tambalearse y en un segundo, su cuerpo cayó al suelo, inerte, como una marioneta sin hilos. —¡Ayla! —dije, atrapándola entre mis brazos—. Ayla, ¡no! ¡Despierta, por favor! Un estremecimiento heló el aire. El bosque enmudeció. Y lo sentí: ese aroma a ceniza, a poder contenido. Aaron. —Qué dulce espectáculo —dijo él, apareciendo detrás, su voz como un veneno seductor—. La caída de un ángel... qué tragedia. —¡Aléjate de ella! —gruñí, exponiendo los colmillos. Pero Aaron sonrió, y apenas chasqueó los dedos. El cuerpo de Ayla se arqueó bruscamente, con un gemido que se escapó de sus labios. —No... no... —murmuró, retorciéndose entre mis brazos. —¡Déjala! —rugí. —Velkan... —susurró Aaron con una sonrisa torcida—. Ella necesita recordar. De pronto, Ayla gritó. Un grito desgarrador y salvaje, que rompía los huesos. Su espalda se arqueó, sus ojos se abrieron de golpe, pero no veían este mundo. Veían otro. —¡NO! ¡NO! ¡AARON, POR FAVOR! ¡NO! Sus uñas rasgaban el aire, los recuerdos cayendo sobre ella como relámpagos. —¡Ay... la...! —la sujeté con todas mis fuerzas—. ¡Estoy aquí, vuelve conmigo! Pero Ayla gritaba, gritaba como si todo el infierno la atravesara, y Aaron solo observaba, satisfecho, como un maestro viendo a su obra resucitar. —Ella es mía, Velkan —dijo Aaron en un susurro gélido—. Siempre lo fue. Y tú... tú solo fuiste un error en el guion, que le hizo olvidar su propósito aquí. Debe recordar sus origenes para poder avanzar. Mientras Ayla gritaba entre mis brazos, su piel quemándose al rojo vivo, entendí que lo peor no había sido perder a Parker. Lo peor... era que estaba a punto de perderla a ella también. —La noche será larga, amigo.
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