CAPÍTULO VEINTICINCO

1163 Palabras

CAPÍTULO VEINTICINCO Alec se arrodilló en el suelo sin sentir el lodo en las manos, la fresca brisa en su rostro, sin siquiera sentir su cuerpo mientras se inclinaba sobre la tumba de su hermano. Lloró y lloró junto al montón de tierra, con las manos entumecidas por haber cavado toda la noche habiendo enterrado a su propio hermano. Alec ya no sentía nada; no sentía nada más que un hueco y una incertidumbre al estar arrodillado sobre su familia a la que había visto hace unos días; ahora todos muertos. Era surreal. Ahí, delante de él, estaba su hermano por el que se había sacrificado, por el que se había hecho voluntario para ir a Las Flamas. Pero Alec no se sentía como héroe; al contrario, estaba sobrecogido de culpa. No podía dejar de pensar que todo esto era su culpa. Pandesia había ar

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