CAPÍTULO TREINTA Alec atravesaba la Llanura de las Espinas con Marco a su lado, con el paisaje gris y un sinfín de arbustos espinosos igualando su humor sombrío. El cielo estaba gris, la tierra estaba gris, los arbustos espinosos que llenaban el paisaje hasta donde podía ver eran grises y lo rasguñaban al pasar. Marco se abría camino por entre ellos pero a Alec no le importaba; dejó que lo rasguñaran. De hecho, le dio la bienvenida al dolor. Habiendo venido de enterrar a su familia, era lo único que le hacía sentirse vivo. Habían caminado por Soli a través de estas llanuras desiertas ya que, según Marco, era el camino más directo hacia Ur y el mejor para no ser detectados por Pandesia. Pero Alec apenas si estaba consciente de sus alrededores al pasar. Con cada paso volvía a su mente la i

