CAPÍTULO TREINTA Y TRES Kyra cabalgó en Andor subiendo y bajando las colinas de Ur, cabalgando hacia el atardecer escarlata con su corazón acelerándose en anticipación. Había cabalgado por horas introduciéndose en la península, con el océano golpeando a ambos lados de la tierra mientras esta se volvía más y más estéril. Finalmente estaba cerca. Ahora, después de su viaje atravesando Escalon, después de todo lo que había pasado, alcanzaba a ver el objetivo de sus sueños. Una torre que creía sólo existía en la imaginación. Alcanzaba a verla en el horizonte al final de la solitaria península: inequívocamente era la Torre de Ur. Se elevaba majestuosa y orgullosamente en la estéril y ventosa península, con su torre circular subiendo en el aire a cientos de pies de altura y coronada por una re

