Quería creer que estaba soñando, pero no. José Miguel dudaba en aceptar una tremenda oportunidad de trabajo solo para no alejarse de mí. Él no sabía que yo estaba dispuesta a ir donde él fuera porque apoyo cada paso que da para conseguir sus objetivos. Esa noche, después de la cena, ambos nos dormimos casi de inmediato. Él durmió en un colchón en la sala, yo en mi cuarto, por supuesto. Cepillé mis dientes, me coloqué la pijama y apenas recosté mi cabeza en la almohada, caí rendida en los brazos de Morfeo. Al abrir los ojos, me encontré en el Parque Boyacá, en Caracas. El brillo de aquel lugar era indescriptible. Estaba soñando, eso era seguro. Corría, entre cientos de árboles, angustiada por encontrar a José Miguel, quien me esperaba en algún lugar del parque. Agitada, caí al suelo de r

