—¿Se te perdió algo, casanova? —le pregunté. Él seguía mirándome—. ¿Qué? ¿Quieres una foto? ¿Un autógrafo? Tú me dices, yo no tengo problema en darte ambos. Pero deja de mirarme así, ¿quieres? Es repugnante y sádico —Sus ojos se entornaron sobre mí. Una pizca de vergüenza se dejó ver en ellos. Solo bastaba ser franca con él. Gabriel, el vocalista, se enfocó en lo que, se supone, tenía que hacer. Hizo una breve introducción a la canción y luego empezamos. Se trataba de Juntos. Por supuesto, aquella melodía nos identificaba a José Miguel y a mí por completo. Inclusive, en el coro de la misma nos miramos con complicidad y picardía. Entre señales, le invité a acercarse. Pero José Miguel no solo se acercó, también subió a la tarima. Ante aquella escena, Gabriel abrió los ojos de par en par. M

