Capítulo 8

4037 Palabras

Lidiar con ellos me sacaba de quicio. Me vi obligada a intervenir por el bien de los dos. De otra forma, se matarían. Me costaba entender el motivo de tanto desprecio. Cualquiera pensaría que esos dos se gustaban, y de ser así, ninguno lo reconocería. Él era lo bastante arrogante y orgulloso. Y Alexandra ni se diga. Inspiré y expiré alrededor de cuatro veces.  —¡Ya basta, por favor! ¿Es que acaso ustedes no pueden vivir sin pelear? ¡Me hartaron! —Ambos hicieron silencio. Continué hablando: —¿Saben qué? Cualquiera los ve y pensará que ustedes sí están enamorados. Se miraron el uno al otro y luego posaron sus ojos sobre mí. Marco abrió la boca para refutar mi declaración, sin embargo, fue Alexandra quien habló primero. —Uy no, ¡el Señor reprenda al diablo! —murmuró Alexandra. Reprimí una

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