Boneka sentía el corazón en su garganta. Los nervios calaban por cada fibra de su cuerpo, no podía creer que realmente estuviese allí otra vez. —¿Está lista para bajar, señorita Boneka? — preguntó el chofer con tranquilidad. Ella dio un brinco por el susto, no había motivo para ello, pero estaba tan nerviosa y tan sumida dentro de sus pensamientos que le tomó por sorpresa. —Sí, claro, gracias, Andrew — le respondió. Sin embargo, tardó unos segundos más para poder bajar. Cerró la puerta detrás de ella, aferrándose a la bolsa de regalo y mirando fijamente la casa beige que se presentaba frente a ella. La música estaba relativamente alta y el jardín revelaba flores que le producían un extraño escalofrío y náuseas en el estómago, al menos más de las que ya tenía. Quería correr de regreso

