Rusia se sobresaltó e hizo un ademán de intervención; se sintió alertado en cuanto escuchó el alboroto de dos de los latinoamericanos, de Colombia y el venezolano para ser precisos. Tensó los brazos por puro instinto y apretó los labios llevando su vista hacia ONU, quien a pesar de ser el causante de aquello (mínimamente), se le podía ver tan «alerta» como el ruso lo estaba. ONU no quería que eso pasara, todo lo contrario, lo que él quería era que todos se llevarán bien para que las cosas no fueran tan difíciles... ¿era demasiado pedir? —Vene —balbuceó el ruso inclinándose hacia adelante cuando de repente Bielorrusia lo jaló de la camiseta con el ceño fruncido. —¡Rusia, no te entrometas! —dijo el bielorruso ahora con una mueca preocupada—, estate quieto. —Pero... —Tiene razón —le dijo

