El reloj marcó las 1:40 de la mañana y aún nadie había vuelto a la casa. Rusia entrelazó sus manos entre sí y mantuvo la cabeza gacha con vergüenza mientras permanecía sentado en el borde de la cama frente a USA, quien le veía de piernas cruzadas con el codo apoyado en el apoya-brazos de la silla y con su mano se cubría inconscientemente la boca; la verdad era que el norteamericano se sentía un tanto confundido en ese instante y no sabía bien el porqué, simplemente algo no le quedaba claro. Algo en ese momento le tenía extrañamente tranquilo, ligeramente calmado, y pensó en que tal vez se trataba del silencio, o quizá tal vez sólo le hacía gracia lo familiar que le resultaba estar a solas con el eslavo. Por otro lado, el ruso se sentía... incómodo; ¿estaba Estados Unidos mirándolo a él?

