—No sé... tal vez al fin he terminado de volverme loco —dijo USA con una voz de claro desánimo—, ¿crees que estoy loco? Sí, ¿no? No sé qué es lo que me sucede. Perdí la cabeza... —murmuró, recostado cómodamente en aquél sillón de tela color rosa-salmón. Reino Unido, con los labios entreabiertos y las lágrimas asomándose por sus ojos, se cerró la bata que llevaba puesta de pijama y con aflicción dijo: —USA... ¡no habías pisado esta casa en tantos años! —A veces creo que estoy enfermo o algo, ¿a lo mejor es alguna especie de morbo? Así es el ser humano, país, lo que sea... ¿verdad? —continuó diciendo el estadounidense, ignorando el comentario de su padre y pegando la vista al techo, como si se encontrara en el psicólogo. —Hace años que no me dirigías la palabra —chilló el del oráculo, ll
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


