Capítulo 19. El arrepentimiento…

4132 Palabras
Al dia siguiente, que Suheil sufrió el desmayo, Octavio, se levantó temprano, se dirigió a la cocina, encontró ahí a su suegra, quien ya estaba preparando el desayuno para todos, porque sus hijos debían ir a trabajar al igual que su esposo. Él le preguntó… -      ¿Cómo paso la noche Suheil? -      Mercedes… creo que bien. No obstante, despertó mucho, casi no podía dormir, recorría la cama con sus manos, creo que buscándote… -      Él, sonrió, afirmando… entonces tiene razón tu marido, solo debo dejar que me extrañe, hasta que me pida volver,  y volvió a sonreír. -      Mercedes… ¿eso te dijo? -      El… sí, espero no te enojes con él, solo me estuvo asesorando en cuanto a lo que debo hacer y se lo agradezco infinitamente. Porque todo esto me ha sorprendido. -      Mercedes… pero si no se estaban cuidando, ¿por qué la sorpresa? -      El… en eso tienes razón, pero veía como imposible que quedara embarazada así tan rápido, -      Mercedes… no te entiendo ¿Por qué dices así tan rápido? Si ya tienen cerca de cinco años siendo novio. -      El… porque recientemente es que hemos estado viviendo como marido y mujer. -      Mercedes… ¡ah, con razón! había algo que no me daba, si nosotros veníamos a veces a visitar a Suheil, nunca te llegamos a ver. Con ella siempre ha estado compartiendo el apartamento su amiguita Rossy, bueno tú la conoces. -      El… prefirió callarse, aunque pensando, recordó que cuando él comenzó a frecuentar a Suheil, ella andaba siempre con una amiguita cuyo nombre era ese. Por lo tanto, debía ser la misma. Mercedes salió a la habitación de Suheil para llevarle el desayuno y darle las medicinas. El quedó ahí, bebiendo una taza de café. Ricardo se acercó conversó con él y le preguntó cómo se sentía… -      Octavio… bien, aunque algo preocupado. Tú crees que Mercedes se puede quedar unos días aquí en el apartamento, mientras pasa esa tormenta que tengo. -      Ricardo… preguntale, en todo caso, nosotros sí nos debemos ir hoy, andamos con la misma ropa de ayer y necesitamos cambiarnos. Yo puedo preparar un bolso con ropas para Mercedes y traerlo al mediodía. -      Octavio… ok. Ahora cuando salga de la habitación le pregunto. Necesito ir a la oficina a buscar unas cosas, para hacer el trabajo aquí y así no dejo sola a Mercedes con toda la responsabilidad. -      Ricardo, bueno, te voy a dejar aquí anotado mis números, los de la oficina y el del celular para que cualquier cosa me contactes. -      Octavio… gracias Ricardo, te estoy infinitamente agradecido. Mercedes se quedó esos días en el apartamento, en vista que Suheil tenía reposo absoluto por setenta y dos horas y como quiera que lo que más le dio el embarazo fue sueño, ella se quedó atendiendo junto con Octavio a su hija. Octavio esa tarde fue hasta la empresa y se incorporó a trabajar sin dar explicaciones a nadie de porque estaba ahí, él seguía igual como siempre. Solo que observaba en Marie ciertas conductas distintas a antes de irse de viaje. Esa tarde le preparó café, compartió con él unas galletas que supuestamente había llevado de su casa. Y estaba como un poco más amable. Octavio subió a la oficina de presidencia, para hacer entrega personalmente de los resultados de su trabajo en las distintas sucursales, quedando pendientes las del día anterior, cuando se enfermó Suheil. Fue recibido muy amablemente por Sheryl la secretaria de Regino quien le avisó de inmediato a su jefe, de la presencia de él ahí. El presidente de inmediato lo hizo pasar, quien al verlo entrar, lo felicitó delante de Sheryl, porque sería padre. Ella mostrando en su rostro una gran sorpresa, también lo felicitó. El solo sonrió y agradeció amablemente sus felicitaciones. Regino, solicitó a su secretaria que preparara dos whisky para brindar con Octavio, tan extraordinario acontecimiento. El, sonriendo, le comentó que sería la primera persona con quien brindaría por ello porque a raíz de lo mal que ha estado Suheil, no lo ha podido hacer. Una vez que Sheryl entró con los whisky, Regino brindó… -      Salud, amigo, por tu bebe, por que nazca sano y muy especialmente, por ti porque a través de esto cumplirás uno de los roles más importante del ser humano: ser padre. -      Octavio, todo emocionado, sonriendo y respirando muy hondo, dijo… salud amigo, gracias por tus buenos deseos, por tus felicitaciones y por este brindis en horas de oficina porque conociendo como ya conozco tu rectitud en el cumplimiento de las normas, has pasado por alto esto, para brindar por mi hijo. -      Regino… salud. En hora buena. -      Octavio… gracias. Sheryl estaba aún perpleja con la noticia, pues le dio la impresión en la última actividad que realizaron en la empresa, que Octavio había terminado con su novia, aunque esas fueron las especulaciones de ese día entre sus compañeros. Bueno en todo caso, no lo observó muy feliz. Octavio estuvo algo más de media hora conversando y explicando a Regino todo lo relacionado con su trabajo en las distintas sucursales. Este le solicitó que por favor le hiciera llegar todo eso por escrito para presentarlo en la junta al final del mes. En vista que ya tenían encima la fiesta de navidad de la empresa, él le solicitó que de sentirse mejor Suheil, le agradaría verla ahí. Octavio, le aseguró que contará con eso. Después de esto, Octavio se despidió y salió directamente a su oficina donde lo esperaba Marie, para saber si había algo más pendiente. -      El… no Marie, ya hemos concluido el trabajo por el día de hoy. Estoy esperando me pasen una información desde Anzoátegui para agregar al informe y pasártelo para que lo ajustes a las normas y poderlo enviar a Presidencia. Gracias. Yo me retiro, pues por orden de presidencia tengo tres días de licencia, los cuales no tomare literalmente, sino que vendré como hoy un rato para que no se me atrase el trabajo. -      Ella… ¡ah que bien jefe!  me alegro, fue muy dura esta jornada ¿verdad? , disculpame no haber podido acompañarte… pero en otra oportunidad será. -      El… tranquila, porque pude observar que en todas las sucursales tenemos personal idóneo, adaptable a cualquier situación o evento. La experiencia fue muy positiva. -      Ella… me alegro mucho por ti. -      El… gracias, levantándose de la silla y tomando algunas cosas de su escritorio se despidió hasta el día siguiente. El salió hacia el área de los ascensores y fue objeto de algunas miradas, sobre todo femeninas, porque había adquirido en este viaje un lindo bronceado que le resaltaba mucho. Pero esta vez Octavio, no se dio por aludido ni estaba interesado en descubrir de donde provenían las miradas, aunque por intuición sabía que así era. Se montó en el ascensor, bajó, caminó hacia su vehículo, despidiéndose del vigilante, abandonó el estacionamiento y fue a casa de sus padres. Al llegar, su papá lo recibió muy emocionado al igual que su madre, quienes ignoraban totalmente lo que él estaba viviendo. Pero no dejaba de reflejar en su mirada un rastro de tristeza, que a ciencia cierta, el mismo no sabía si era por el embarazo de Suheil, por lo que ella estaba padeciendo o por el hecho de que ella lo haya pedido que se fuera. Realmente ya se había acostumbrado a vivir con ella, pensó en ese momento, cuánta razón hay en la canción. -      Bendición mami -      Su madre… Dios te bendiga hijo, ella lo abraza, lo besa y lo santigua -      Bendición padre... -      Su padre… Dios te bendiga, me da mucha alegría ya estés de regreso ¿Cómo te fue? -      El… muy bien, diría extraordinario, solo que tuve que venirme antes por algunos problemas aquí. -      Su padre… ¿y eso? -      El… Suheil se enfermó, bueno si es que se puede decir que eso es una enfermedad… está embarazada -      Sus padres literalmente hablando, cayeron en sus respectivas sillas, hicieron un silencio, que solo fue roto por el saludo a grito de su hermano menor… por fin te veo, necesito hablar contigo… -      El… y ¿eso, que quieres? -      Su hermano… que me prestes la chaqueta de cuero, la negra, la necesito para este viernes en la noche. Ya revisé tu closet y está aquí… -      El… claro, es más te la regalo. -      Su hermano, abrazándolo, le dijo… gracias hermanito, eres un sol. Octavio riéndose le comentó… -      Hasta que lo tuviste que aceptar, que soy tu sol y tu luna también, porque de día como de noche tú pides y sonrió… -      Su hermano… eres un bacán. Su hermano salió contento a sacar de una vez del closet de Octavio la mencionada chaqueta. -      Su padre retomando la conversación le comentó… te recuerdas que te dije que te cuidaras, a eso me refería, y ahora ¿Qué harás? -      El… responder, aunque a Suheil esa palabra la sacó de sus casillas y me botó de su vida… -      Su madre… no puede ser hijo. Y porque ella no quiere que respondas, no entiendo… -       El… porque le había dicho que no quería ser padre aunque eso no estaba en mis planes, pero ninguno de los dos nos estábamos cuidando, así que la responsabilidad es mutua, no obstante, desde ayer que llegué y el médico nos dio la noticia no he podido hablar con ella para no predisponer más de lo que ya está. -      Su madre… me preocupa Karina, cuando se entere, será capaz de lo que sea. -      El… si supieras madre, que en quien menos he pensado es en ella, me preocupa y me carga así, de ala caída es Suheil, la vez pasada cuando se separó de mí, no me dejó rastro alguno de ella. Hasta que me di por vencido. Según su papá esa conducta obedece al mismo embarazo porque así mismo actúo Mercedes, la mamá de Suheil cada vez que salía embarazada, lo echaba de la casa. Espero que sea eso. Porque me ha dolido y mucho que ella me quiera apartar de su vida y de mi hijo. Suheil es una mujer independiente, ella maneja una empresa trasnacional también. Tiene excelentes ingresos, no me necesita para nada. -      Su madre… y por lo que veo te enamoraste, -      El… sí madre, con todo. Nunca había sentido esto que siento por Suheil. Creo que es como un castigo, por el daño que hice, siendo un mujeriego e infiel siempre. -      Su padre… a veces dejar pasar unos días a la persona sola, ayuda para que aclare sus sentimientos. Y si le pides matrimonio… -      El… sábado de la semana pasada, lo hice y le entregue un anillo de compromiso, que me devolvió ayer en la clínica. -      Su padre… ¡caramba, Octavio! Si la amas como dices, lucha, no te des por vencido y no aceptes la separación -      Su madre… mal consejo, porque es lo mismo que hace Karina, y que nos disgusta a todos, que ella no quiere aceptar que ya tu no la amas ni sientes nada por ella. Es preferible que hables con ella y te sinceres, dile lo que realmente sientes, ábrele tu corazón y tu alma…, -      El… es que no me da la oportunidad de escucharme, no me quiere ver. Me invitó para que la acompañe el viernes al médico, pero para que aclare mis dudas, porque según ella, de repente no creo que él bebe sea mío. Y eso no es así, estoy seguro cien por ciento que ese niño es mío. Es más, que he sido el único hombre en su vida. -      Su padre… si es así, lucha por ella contra ella misma. -      Su madre… pídele ayuda a Dios, habla con El, pon todo en sus manos. -      El… lo hice. Pero estoy desesperado. Estoy durmiendo en una de las habitaciones que tiene el apartamento porque su mama duerme con ella. -      Su padre… y si hablas con su mamá para que te dejé solo con ella y seas tú únicamente quien la atienda, -      El… no me quiero arriesgar, ayer ella se veía mal en la clínica, pálida, sin color, débil, agotada, no se parece a mí Suheil. Por eso temo llevarle la contraria. -      Su madre… y ¿qué te dijo el médico? -      El… que la llevara a un ginecólogo. Ya ella tiene la cita, iremos a uno este viernes a las dos. -      El… bueno realmente necesitaba desahogarme con ustedes y escuchar sus consejos. Madre anoche, hablé mucho con Dios y le pedí perdón por todos los errores que he cometido, como no sé en qué parará esto con Suheil, necesito me acompañes a misa el domingo. ¿Puedes ir conmigo? -      Su madre… si mi amor. Ven a buscarme, llamame para ponernos de acuerdo en la hora. -      El… ok, madre. Octavio salió de la casa de sus padres hacia el apartamento de Suheil. Al llegar había visita, una pareja joven que conversaba con Ricardo, él desconociendo totalmente a quienes estaban ahí, saludo simplemente con buenas noches, porque ya estaba casi anocheciendo. Pero al instante y resultando familiar el rostro de la joven, le preguntó ¿Rossy? -      Ella, levantándose del mueble y caminando hacia él, le preguntó… ¿Octavio? -      El… haciéndole un gesto para que lo acompañara a la cocina, la saludo normal. Hola Rossy… -      Ella, con un gesto de su mano le hizo señas a su novio que ya venía y caminó con Octavio hacia la cocina… Al entrar a la cocina, Octavio le habló bajo y le explicó muy rápidamente la situación para que los padres de Suheil no se enteraran sobre la verdad de su relación. -      Ella… me quedé asombrada cuando el papá de Suheil te nombró, pensé que estaba equivocado, por aquello de la fiesta de navidad donde Ricardo embriagó a Suheil para sacarle la verdad. -      El… o sea, que tú también conoces este chiste. -      Ella… sí. No te imaginas lo mal que estuvo Suheil durante mucho tiempo por eso. Porque a ella la mataban pero tú nombre no lo daba a nadie. Y sonrió. -      El… pero ahora estoy contra el piso… -      Ella… ¿Por qué? -      El… porqué Suheil se quiere separar de mí. Me pidió que me fuera del apartamento -      Ella… no, no lo hagas, no desperdicies ese amor, que es del bueno, duradero, fiel, leal, te lo digo con propiedad porque yo le he vivido aquí en este apartamento, no te imaginas la cantidad de veces que le pedí que te sacará de su corazón,  que te olvidara y siempre me decía, que era mujer de un solo hombre. Vine para llevarme mis cosas del apartamento porque estoy viviendo con mi novio. Así que aprovecha, no la dejes sola. -      El… eso mismo me acaban de decir mis padres. -      Ella… lo que siempre debes tener presente es que solo te ama a ti, es más yo pongo mi cabeza en el fuego, sólo ha sido tu mujer. -      El… gracias Rossy. ¿ya la viste? ¿Cómo está? -      Ella… la vi tranquila, aunque un poquito triste. La misma mirada que la tuya. -      El… no te imaginas, cuánto le amo. -      Ella… pero ten fe, porque el amor, todo lo puede, todo lo cura… -      Mercedes… así es Rossy, el amor todo lo puede. -      El… hola Mercedes ¿Cómo sigue Suheil? -      Mercedes… bien, gracias a Dios, recuperándose totalmente. Me ha preguntado hoy tres veces por ti. ¿Qué si has llamado? Pero Ricardo no quiere que sepas que estás aquí. Para que te extrañe. Pero si el efecto es al contrario y se enoja más contigo… -      El… prefiero seguir los consejos de tu marido, él tiene la experiencia, cosa que a mí me falta. -      Mercedes… le dije solo que habías preguntado por ella, sin entrar en más detalle. Rossy entró con su novio al dormitorio que ella ocupaba y sacó todo para llevárselo a su nueva residencia. Ellos estuvieron un rato más y luego se despidieron prometiendo volver el fin de semana para saber cómo sigue Suheil. Octavio, bajó con ellos para ayudarlos en su mudanza y los despidió en el estacionamiento. Ella le entregó el juego de llaves que tenía. El subió y acomodó su ropa en esta habitación, se encerró a ver televisión para no arriesgarse a que Suheil lo viera. Aunque según lo expresado por su mamá, ella ya se quiere levantar y caminar en el apartamento. Esa noche, siendo casi las diez, recibe en su celular una llamada de Suheil… -      Ella… hola ¿Cómo estás? -      El… bien mi amor y tú ¿Cómo te sientes? -      Ella… mejor… Bendito sea Dios. Ya se me han parado los vómitos y las náuseas. Y en cuanto a los mareos no sé, porque mami no me deja levantarme. Y por eso te llamo… ¿vendrás mañana por mí? ¿iras conmigo al médico? -      El… si mi amor, ten la seguridad que no te dejare sola, es mi hijo, yo también quiero saber ¿Cómo está? ¿Cómo evoluciona en tu útero? Quiero estar siempre con ustedes. -      Ella… ok. A ¿Qué hora vienes? La consulta es a las dos. -      El… estaré ahí temprano, si me dejas almorzar contigo. -      Ella… sí, quiero que comamos juntos. Te voy a esperar. -      El… ahí, estaré amor. Que descanses -      Ella… igual tú. Hasta mañana Octavio… a lo que ella colgó, sentía ganas de correr a la habitación y decirle que ahí estaba, que si quería, podía dormir con ella. Pero se aguantó siguiendo los consejos de su suegro. Al día siguiente se levantó y salió a trabajar para volver a las doce y almorzar con ella como le prometió. Durante todo la mañana Octavio, estuvo en reuniones, revisando información que le llego desde Anzoátegui y elaborando el informe de toda su gira de trabajo. Marie, aun asombrada del cambio que había dado él desde que asumió la gerencia hasta ahora se sentía un poco confundida. Este hombre despertaba en ella emociones que hasta ahora solo había conocido al lado de Leo, su marido. El, unos minutos antes de las doce del mediodía, salió hacia el apartamento. No obstante, antes de llegar, se bajó a comprar frutas y luego, algunas galletas y dulces que sabía a ella le fascinaba. Llegó al estacionamiento, se bajó y subió al apartamento. Al abrir la puerta, observó a Suheil, hermosa como siempre sentada en el sofá esperándolo, ella se levantó, caminó hacia él, quien traía una bolsa pequeña mordiéndola en la boca, varias bolsas en la mano izquierda y las llaves del apartamento en la mano derecha. Ella, le quitó la bolsita de la boca y lo besó en los labios. El feliz de esta reacción la tomó por la cintura con su mano derecha y la besó apasionadamente, sin preguntar, sin comentar nada, caminó abrazado con ella hacia la cocina para guardar lo que había comprado.  Ahí estaba Mercedes, terminando el almuerzo, quien sonriendo por lo que acababa de observar, le preguntó… -      ¿Cómo te fue hijo? -      El… Muy bien Mercedes, gracias a Dios. Estoy bendecido por Él. -      Mercedes… me alegro hijo, te lo mereces -      El… gracias madre, eres un ser muy especial para mí. -      Suheil… ¿y yo? -      El… tu, tu eres lo máximo, mami, eres mi ideal de mujer, eres mi vida, mi todo, te amo infinitamente. -      Suheil… y yo a ti -      El… no te imaginas, la emoción que tus palabras causan a mi corazón. Pon las manos aquí, ven, en mi pecho, escucha mi corazón mami - tomándole la mano para que la apoyara en su pecho, ahí donde está su corazón- -      Ella… escuchando sus fuertes latidos y rodeando con sus brazos su cintura, le dijo… te amo Octavio Abreu. El sonriendo por esto, le dijo… -      Te amo Suheil Camargo… y los dos se besaron delante de Mercedes, quien estaba feliz de verlos así. -      Ella… ¿Dónde está mi anillo de compromiso? ¿Qué lo hiciste? -      El, metiendo su mano en el bolsillo de su pantalón del lado derecho, extrajo el anillo y lo volvió a poner en su lugar de origen, en el dedo anular de la mano izquierda de ella. -      Mercedes… ¿Cómo así? ¿Le habías dado un anillo de compromiso? ¿Cuándo? ¿Por qué no nos avisaron? -      Ella… eso fue el sábado antes de irse de viaje Octavio, me dio el anillo, me pidio que fuera su esposa, me llevó a cenar y después a bailar. Por eso no le dijimos a nadie, porque fue una celebración solo para dos y sonrió. -      Mercedes… los felicito mis hijos, no se imaginan la felicidad que me produce verlos así. Dios los bendiga, yo los bendigo en su nombre. -      Octavio… vamos a almorzar, porque se nos hará tarde para llegar a la consulta. -      Suheil… mami te ayudo. -      Octavio… no señorita, usted se sienta, entre su mamá y yo la consentiremos. Así que ha sentarse. Ella haciendo exactamente lo que él le dijo, caminó al comedor. Mercedes y el sirvieron la comida, entre los dos prepararon la mesa, para celebrar esta reconciliación entre ellos. Octavio estaba muy feliz. Al terminar de comer, el trajo como postre un dulce que había comprado. Una vez todos satisfechos, recogieron la mesa, lavaron los platos y bajaron al estacionamiento. Se montaron en el coche de Octavio y salieron rumbo a la consulta de Suheil. El ginecólogo era un médico de experiencia con una excelente trayectoria y además conocido de la mamá de Suheil. Esto le agrado mucho a Octavio. Cuando ellos llegaron aun el médico no estaba. Cuando llegò y observó a Mercedes, el mismo se acercó hasta ella y le saludo, preguntándole por Ricardo. -      Mercedes… debe estar trabajando. No sabía que eras tú el médico que vería a mi hija -      El ginecólogo… no me digas que ella es Suheil -      Mercedes… si, es mi hija Suheil -      El ginecólogo, dirigiéndose a Suheil y extendiendo su mano… mucho gusto Suheil, porque no creo te acuerdes de mí. Estabas muy niña cuando acompañabas a tu mami a la consulta ginecológica. -      Suheil… es un placer. Ella sonriendo, sabe que por el nombre, pensé que era mujer -      El ginecólogo… no eres la única como un sesenta o setenta por ciento de las pacientes nuevas que vienen a mi consulta, esperan encontrar una mujer. Pero que eso no te cohíba, ni te haga cambiar de médico. -      Suheil… no ahora tengo más confianza, te presento a mi pareja y prometido Octavio Abreu -      El ginecólogo… mucho gusto Octavio,  me encantó esa sinceridad, tú me dirás ¿si quieres entrar sola o acompañada por él? -      Suheil… quiero que él entre conmigo. -      El ginecólogo… muy bien, adelante. Mercedes fue un placer, volverte a ver -      Mercedes… lo mismo digo Jessi. y se quedó afuera esperando para que ellos hablaran con tranquilidad con el médico.  Al entrar, para hacer la historia de Suheil, el ginecólogo debe realizar toda una serie de preguntas, razón por la cual, le insistió a ella, si prefieres, mientras hacemos la historia, mandamos a Octavio al cafetín a comprar algo. Él se sonrió, porque sabía cuál sería la respuesta de ella. -      No, Doctor gracias, prefiero que él esté conmigo, ha sido y es mi único hombre, no tengo nada que ocultar a él. -      El ginecólogo… perfecto, entonces comencemos y a partir de ese momento le hizo todo tipo de preguntas y finalmente ¿Cuál es el motivo de la consulta? -      Ella, entregando los dos resultados de sus exámenes de laboratorio, le dijo… estoy embarazada. -      El Doctor, comenzó a examinar, tomando su tensión, el peso y auscultando su vientre. Posteriormente, el médico le hizo un ultrasonido transvaginal para confirmar el embarazo, donde se observó el embrión. El resultado del ecograma fue que se observó siete semanas de gestación aproximadamente, exactamente el tiempo calculado por Octavio. Esta experiencia los unió más, juntos experimentaron la dicha de observar a través de ese monitor el inicio de vida de su hijo, el movimiento que indica la nueva vida, el nuevo ser, para Octavio fue extraordinario ver su prolongación de vida e igual para Suheil. Asimismo pudieron escuchar los latidos del corazón del bebé a través del doppler utilizado por el médico para amplificar los sonidos. Al terminar de hacer el ecograma, él, la besó muy tiernamente. Todo esto emocionó a Octavio quien salió de esta consulta realizado como hombre y dispuesto a luchar así sea contra el mundo por su felicidad, la de Suheil y su primogénito.
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