Andrew se encontraba en unos sillones, junto a Paris, esperando a que Liam llegara con las cervezas. El castaño se sentó, dejando los tres vasos sobre la mesita de en medio.
—No puedo creer que Jake estudie en la Facultad de Ingeniería— les dijo Andrew—Esto es una maldita pesadilla. Todo lo que pasé para dejar ls cosas en el pasado, y ahora me pasa esto. Es una mierda.
—Tranquilo— lo consoló Liam, acariciando su cabeza—Nos tienes a tú lado, sabes que cuentas con nosotros. No dejaremos que se te acerque.
—No siempre podrán protegerme— les dijo Andrew—Liam, hay veces que estaré solo, y tengo que enfrentarlo.
—Podrías poner una denuncia— le dijo Paris—Hablar con el rector, tal vez explicarle lo ocurido. Sé que entenderá.
—No es tan fácil. Creo que no puedo hacer nada aún, hasta que no comience a joderme— le respondió el bicolor.
—Tampoco puedes esperar a que las cosas empeoren— le dijo Paris—Eso no es sano. Yo no podría.
El bicolor iba a responder, pero fue interrumpido.
—Andrew— aquella voz, no podía ser. El chico miró hacia atrás, viendo a su ex—¿Me puedo sentar aquí?.
—No— le dijo Liam, casi pegándole—¿Eres idiota, o practicas?.
—No hablo contigo— le dijo Jake.
—Pero yo sí imbécil— le respondió el castaño, levantándose del sillón.
Jake se acercó a Liam, éste se paró frente a él, dispuesto a darle un puñetazo. Paris se levantó rápidamente, colocándose en medio de ambos.
—Basta— dijo el pelirrojo, tocando el pecho de Liam—Esto te puede traer problemas. Cálmate.
—Hazle caso a tú novio— le dijo Jake, con sarcasmo—No deberías faltar el respeto a tus superiores. Recuerda que soy un curso mayor que tú.
—Y eso no te hace más inteligente— le dijo Liam, casi gruñendo.
—¡¿Qué me dijiste?!.
En eso aparecían Lucas y Mikel. Los encargados del comité estudiantil, fueron a parar la pelea. Héctor había regresado a los dormitorios. Se sentía molesto, por lo que decidió irse de la fiesta.
—Deténganse— les dijo Mikel—Esto no es un club de boxeo.
—Vete— le dijo Lucas a Jake.
—¿Por qué?— dijo el pelinegro—No eres nadie, para que me mandes. No tengo porque hacerte caso.
—Haz lo que se te dice— le dijo Mikel.
Jake lo miró molesto y dio un último vistazo a Andrew, se alejó del lugar, dejando a los otros.
El bicolor dejó salir el aire, y le dio las gracias a los alumnos del centro estudiantil.
—Relájense— les dijo Lucas—Aún es temprano, para que regresen, hay mucha comida y bebestible. Diviértanse.
Los tres asintieron, y se quedaron un rato más a la celebración. Bailaron con algunas chicas, comieron algunos bocadillos y bebieron unos cuantos vasos de cerveza.
Eran cerca de la medianoche, cuando los chicos decidieron regresar a los dormitorios. Iban algo felices, por los vasos de cerveza que bebieron.
Con algo de lentitud, llegaron al edificio de los dormitorios. Pasaron rápidamente por la recepción, y luego subieron al ascensor. Al llegar a su piso, se despidieron.
—Nos vemos mañana— les dijo Liam.
Paris también se fue a su dormitorio.
Andrew, con las piernas medias dormidas, entró al suyo. Cerró la puerta, fue entonces que se dio cuenta, que en el sillón estaba su equipaje.
—¿Qué?— dijo algo mareado.
Tomó la maleta y fue hasta la habitación, pero se encontró con la puerta cerrada.
—Oye, niño— decía Andrew, golpeando la puerta una y otra vez—Déjame entrar— estaba bastante mareado—¡Oye! ¡Aló!.
Harto del escándalo, Héctor abrió la puerta, mirando molesto al bicolor.
—Dejé tus cosas afuera— le dijo el rubio—¿Estás ciego?.
—¿Por qué hiciste eso?— preguntó Andrew, con algo de enojo.
—No me gustan los maricones.
Esa palabra, esa maldita palabra que usaban para ofender a los hombres homosexuales. Él no se consederaba así, era gay, no un maricón, pues no le pegaba a las mujeres.
—Maldito homofóbico— le dijo Andrew, tratando de no quebrarse—Idiota— se dio media vuelta y se alejó. Héctor dio un portazo.
Andrew se recostó sobre el sillón, y de la pura rabia, dejó salir algunas lágrimas. Sin embargo, no se dejaría amedrentar. Estaba acostumbrado a las malas palabras de la gente mala, por lo que algunos dichos de ese idiota no lo iban a deprimir. Buscó algo con que taparse, y se quedó dormido.
La noche pasó, y un nuevo día comenzaba. Héctor se había ido temprano, pues no quería ver al bicolor. Aunque hizo todo de forma silenciosa, para que Andrew no despertara.
Eran cerca de las siete y media, cuando el bicolor abrió los ojos. Sentía un fuerte dolor de cabeza, tenía una resaca de aquellas. Se sentó en el sillón, con el cuerpo dolorido, había dormido pésimo. Molesto, se levantó y fue hacia la habitación. Desempacó sus cosas y las guardó en el clóset, corriendo las de Héctor. Luego dejó sus libros en el escritorio, y al final, fue a la puerta de la habitación y sacó el seguro, dejando la puerta permanentemente abierta. Al terminar se dirigió a la ducha, y luego salió del dormitorio, para juntarse con sus amigos.
Ambos chicos lo esperaban en el pasillo.
—Estoy molido— se quejó Paris—No beberé más entre semana. Nunca más.
—Yo dormí cómo un bebé, la pasé muy bien anoche— dijo Liam, mirando el rostro de Andrew—¿Qué mierda te pasó?.
—Por lo que ocurrió ayer con Jake, Héctor me echó de la habitación— dijo el bicolor—Porque es un maldito homofóbico.
Los chicos se quedaron mirando.
—Eso es discriminación— le dijo Liam—Debes hablar con el rector. Se supone que esas situaciones, no están permitidas. Es un maldito idiota ese Héctor.
—Después veré que hacer— dijo Andrew—Por ahora prefiero que nos concentremos en las clases. No dejaré que esas pequeñeces me molesten. Además se me parte la cabeza, y ya no quiero pensar.
Sin decir nada más, los tres alumnos se dirigieron a la Facultad de Medicina.
Las horas del día fueron pasando, y finalmente las clases llegaron a su fin. Los alumnos salieron de los salones, dispuestos a ir a sus dormitorios. Había sido un largo día, y realmente estuvo muy agotador. Sólo querían descansar.
—Tenemos que hacer el trabajo para la próxima semana— dijo Paris—Pero ahora sólo quiero dormir, no tengo cabeza para pensar en nada.
—Somos dos— dijo Liam.
—Entonces mañana comenzamos con el trabajo— les dijo Andrew.
Sus amigos se fueron a los dormitorios. Eran cerca de las ocho de la noche.
El bicolor entró. Notando entonces que Héctor no estaba. Fue a la habitación, lo que vio lo dejó helado.
Sus ropas estaban regadas por el piso, al igual que sus libros y artículos personales. Tres cajas de cartón estabn sobre la cama, deshecha. Mensajes estaban escritos en las cajas.
"Lárgate de mí habitación" "Fuera" "Vete a mariconear a otro lado" "No quiero ver tu asquerosa cara" "Maricón".
Andrew tomó los mensajes, y los arrugó entre sus manos. Varias lágrimas rodaron por sus mejillas. Tomó aire, y comenzó a guardar sus cosas. Dejó todo cómo estaba, incluso más ordenado. Luego fue hacia la cama de su compañero y desordenó todo, tiró sus ropas al piso y dejó los papeles por todo el lugar, sin pasar a su perímetro. Hizo un verdadero desastre. Le dejó las cajas encima de la cama, junto al papelero dado vuelta.
También le dejó algunos mensajes.
"No me iré a ningún lado, porque no he echo nada malo" "Amor, es amor, venga de donde venga, troglodita ignorante" "Se nota que eres una persona vacía, incluso temerosa" "Ten mucho cuidado, porque lo que hoy odias, mañana lo amarás".
Terminó de ordenar todo, y fue a darse un baño. Luego se preparó algo para cenar y se acostó. Sabiendo que Héctor llegaría en cualquier momento, se puso unos audífonos con música y se quedó dormido.
Eran cerca de las diez de la noche, cuándo Héctor llegó. Se dio cuenta que Andrew no estaba en el sillón, vio el lugar ordenado, por lo que pensó, se habría ido. Sin embargo todo se le fue al carajo, después de abrir la puerta de su habitación. Vio el desorden que había, sus ropas, pertenencias, y libros regados por el piso. Miró el lado del bicolor, ordenado y limpio, además de cómo dormía plácidamente.
—¡Oye imbécil!— gritó Héctor, tirando las sábanas hacia atrás. Andrew no usaba pijama, sólo llevaba una polera corta y sus slip. El chico estaba tan dormido, que no sintió que lo destapaban. Fue ahí que el rubio notó los audífonos. Se agachó, para arrebatárselos—¡Te estoy hablando!.
Del puro grito, Andrew despertó. Vio entonces a Héctor casi encima suyo, con cara de loco.
—¡¿Qué carajos te pasa?!— le gritó el bicolor. Empujándolo.
—¡Eso es lo que yo quiero saber!— gritó, acercándose—¡¿Qué mierda pasó con mis cosas?!. ¡¿Quién te dijo que podías tocarlas?!.
Andrew frunció el ceño, bastante molesto.
—Simplemente te di lo que te merecías. Y tú tampoco tienes derecho a tomar mis cosas. Ojo por ojo— le dijo con voz segura el bicolor.
—¡No me quieras probar, mocoso maricón!— le gritó Héctor.
Andrew le dio un puntapié, que le pegó justo en la entrepierna. El rubio quedó doblado del dolor, pero no se dejó vencer. Se lanzó sobre el bicolor, forcejeando con él.
—¡Suéltame!— gritaba Andrew, tratando de safarse del agarre de Héctor.
—¡Te voy a sacar de aquí!— se apretó más sobre el bicolor.
El chico era más bajo que Héctor, pero no por eso menos fuerte. Andrew le estaba dando pelea al rubio, entre los forcejeos y las palabrotas lanzadas. Ninguno de los dos cedía.
Andrew hizo una mala maniobra, liberando su brazo. Éste movimiento hizo que Héctor cayera sobre él, más bien sobre sus labios. Un repentino beso, que dejó a los dos descolocados.
El rubio abrió los ojos cómo plato, de la vergüenza que sintió. Se alejó abruptamente de Andrew, sin dejar de mirarlo. El bicolor por su lado, quedó completamente helado, ahora sí lo iban a moler a golpes. Sin embargo no ocurrió, sin decir nada, Héctor se levantó del piso y se puso a ordenar sus cosas.
Con el corazón en la mano, Andrew se tapó hasta la cabeza, tratando de quedarse dormido. Sus latidos no se podían calmar, estaba demasiado nervioso creyendo que Héctor en cualquier momento lo golpearía.
Pero después de un largo rato, sólo sintió que el rubio apagó la luz, y que luego se acostó. Y no hubo más que silencio.
—Esto no pasó— se decía Héctor mentalmente, tratando de quedarse dormido. No podía creer lo que había pasado. Mañana hablaría con Mikel, para cambiar de habitación. No estaba dispuesto a vivir con un homosexual, y menos tener que ocultarse de él.
Las horas fueron pasando y finalmente la noche terminó. Apenas comenzó a amanecer, Héctor se levantó de la cama, se dio una ducha y desapareció del dormitorio. Durante todo ese lapso, Andrew se hizo el dormido.
Al escuchar la puerta de la entrada cerrarse, Andrew se levantó. Casi por inercia se fue a duchar, y luego trató de comer algo, pero su mente seguía recordando aquel beso, y la mirada avergonzada de Héctor.
—No puedo estar pensando en eso. Debo concentrarme— se decía, tratando de sacar aquella imágen de su cabeza. Pero cada vez que su mente quedaba en blanco, nuevamente regresaba el beso—¡Maldición, ni siquiera fue un beso!— se retó así mismo. Terminó de arreglarse y salió del dormitorio.
Afuera lo esperaban sus amigos.
—¡Buenos días!— saludó Liam, con una sonrisa—Cómo amanecieron.
—Sobreviviendo— le dijo Paris, algo sonrojado.
Liam lo quedó mirando—¿Pasó algo con Lucas?— preguntó.
Paris guardó silencio, el castaño frunció el ceño.
—Ayer, cuando me fui a acostar, Lucas me llevó un chocolate de regalo. Se lo acepté, sólo para no ser descortés. Yo estaba sentado en la cama, y no me di cuenta cuándo se me acercó y me dio un beso.
Liam y Andrew quedaron con la boca abierta.
—¡¿Qué?!— gritó el castaño, sintiendo que le entraba un cólera—¡Lo besaste!.
—Me besó, ¿estás sordo?— le dijo Paris—Además, no fue cómo sí me lanzara a sus brazos, y le respondiera. Simplemente pasó.
—¿Ha sí?. Qué simple— dijo Liam, molesto.
Paris levantó una ceja.
—¿Me quieres decir algo?— preguntó el pelirrojo.
—No— respondió el castaño, de forma seca—Y tú qué— le dijo a Andrew—¿Acaso también te fuiste de besuqueo?.
—¡Fue un accidente!— gritó el bicolor, sin notar que era un sarcasmo. Miró a sus amigos, que lo miraban con rostros perplejos.
—¿Qué accidente?— preguntó Paris.
Andrew no sabía cómo contarles, pero de todas maneras los chicos igual se iban enterar.
—Ayer Héctor y yo nos pusimos a pelear.
—¿A pelear?— dijo Liam—¿En qué clase de pelea se dan besos?.
—Entre la pelea, se cayó encima mío— se excusó Andrew.
—Y se cayó justo sobre tus labios— le dijo Paris—Qué conveniente.
—Les estoy hablando en serio— se molestó el bicolor—Él es homofóbico, ¿creen que me besaría por gusto?. Creí que me iba a matar.
—¿Y no te hizo nada?— preguntó Liam.
—No— le respondió Andrew—Sólo me miró y se alejó.
Paris se quedó pensando. Luego miró su celular.
—Será mejor que vayamos a clases— les dijo el pelirrojo—No quiero llegar tarde.
Los tres se dirigieron al ascensor, y bajaron. Salieron del edificio, caminando a su Facultad. Andrew iba casi rezando, en que su día fuera bueno, y en no encontrarse con nadie de Ingeniería.
Finalmente llegaron, entraron a su salón y se sentaron. El profesor entraba, iniciando las clases.
Las horas de la mañana fueron pasando, y finalmente la hora del almuerzo llegó. Los chicos salieron de su salón, y se dirigieron al comedor.
Paris y Liam fueron a buscar la comida, mientras Andrew buscaba una mesa desocupada. Al encontrarla, se sentó.
Al rato llegaban sus amigos.
—Te trajimos vegetariano— dijo Liam, acomodándose al lado de Paris, frente a su amigo.
—Gracias— le sonrió el bicolor.
—Hola amorcito— aquella voz, ese maldito timbre de voz. Andrew se giró, viendo a Jake. Ahora su almuerzo estaba arruinado.
—Qué mierda quieres— le dijo Liam, con ojos de odio.
—Vengo a ver a mí chico— respondió Jake, sin mirar al castaño. Se acercó a Andrew, sentándose a su lado—¿Me extrañaste?.
—Yo no soy tuyo— le dijo el bicolor, tratando de no sonar asustadao.
—Lo fuiste, y siempre lo serás— le tocó la mejilla—Te traje un jugo— le dio una botella.
De pronto alguien tiró la botella a un lado, haciendo que ésta rodara por la mesa y cayera al piso. Jake se levantó, viendo quién había sido.
—Toma— Héctor le dejaba una botella de agua natural a Andrew. El bicolor quedó con cara de no entender nada. Sus amigos menos.
—Yo le traje su jugo— le dijo Jake, enfrentándolo.
Héctor se sentó al lado de Andrew, ignorando a su compañero de Facultad. Frente a ellos se sentaron Lucas y Mikel, con sus almuerzos.
Jake los miró a los tres, sonrió.
—¿Tienen algún problema?— preguntó, colocando sus manos en los hombros de Andrew, se los apretó levemente, haciendo saltar al bicolor.
Héctor se levantó de golpe, tomando a Jake por la parte de atrás del cuello.
—Suéltalo— dijo el rubio, mirándolo fijo.
Mikel y Lucas estaban espectantes, por si debían intervenir. Andrew trataba de entender que carajos estaba pasando, era imposible que el homofóbico de Ingeniería lo estuviera defendiendo.
Jake soltó de los hombros a Andrew, haciendo que Héctor lo soltara del cuello. Antes de irse, se acercó al oído del bicolor.
—Nosotros no hemos terminado— susurró y luego se alejó de ahí.
Héctor se sentó. Andrew lo quedó mirando con cara de pregunta, pero el rubio lo ignoró, se puso a comer.
—Bien— dijo Mikel, cambiando el tema—Mañana tendremos una competencia de fútbol, contra la Facultad de Arte. ¿Vendrán a ver?.
—Seguramente estaremos ahí, cómo apoyo médico— le respondió Liam.
—¿Vendrás a darme ánimos?— le sonrió Lucas a Paris. El pelirrojo estaba sentado a su lado. Se sonrojó levemente.
Liam arrugó el ceño. Rodeó por el cuello a Paris y lo atrajo a su cuerpo. El chico quedó descolocado, ante aquella actitud.
—No podrá ir- le dijo Liam a Lucas—Bebé estará conmigo.
El chico de Ingeniería levantó una ceja. Paris quedó más extrañado al escuchar la palabra "bebé". ¿Qué rayos le estaba pasando a Liam?.
—Bueno, pero de todas maneras, puede apoyarme— le sonrió Lucas.
Paris se alejó de Liam, acomodándose. Se dispuso a ignorar a esos dos, y terminar mejor de almorzar.
—Andrew— le habló Mikel—Sí tienes algún problema con Jake, no dudes en avisarnos.
—Lo tendré presente— le dijo el bicolor—Gracias.
Comenzó a comer, mirando de reojos a Héctor. No lograba entender que había sido todo eso, pero lo único que tenía claro, es que no quería seguir molestando a un homofóbico. O no tendría la paciencia para ivvir con él, y terminaría durmiendo en la calle. Suspiró.
—¿Jugarán de titulares?— preguntó Liam, entablando una conversación.
—Yo estaré en la banca— sonrió Mikel—Mí puesto lo cubre Lucas.
—Soy un excelente defensa— sonrió el albino—Todos caen ante mí— dijo, mirando a Paris.
El pelirrojo prefirió ignorar eso. Ya tenía suficiente con verlo semidesnudo y que además le robara un beso, ahora lo teníaa fanfarroneando. Eso no era bien visto de un vicepresidente.
—Quiénes caen, es simplemete porque son débiles— dijo Paris, sin mirarlo.
—Pero hay quiénes caen, y son fuertes— le dijo Lucas.
Liam comenzó a sentir unas fuertes ganas de golpear al albino. Estaba harto de la descarada coquetería del vicepresidente.
—Menos mal no me gusta el fútbol— dijo Paris, bebiendo de su agua. Liam sonrió por las palabras de su amigo.
Lucas no dijo más.
—¿Y ustedes ya se inscribieron a un deporte o club?— les preguntó Mikel.
—Aún no hemos visto nada de eso— le dijo Andrew—Creo que haríamos algo relacionado con nuestra área. No somos buenos en fútbol, pero antes teníamos un equipo de voléibol masculino.
—¿Enserio? ¿Dónde?— preguntó Lucas.
—En secundaria— le dijo Liam—Y éramos los mejores.
—Sí Paris jugaba, no lo dudo— dijo el albino.
Héctor sólo escuchaba, sin opinar nada.
Después de la charla, los seis alumnos continuaron con sus almuerzos. Aún quedaban las clases de la tarde.