En cuanto recibió una respuesta definitiva, Samantha no pudo evitar romper en llanto. —Es mi culpa. El abuelo siempre fue tan bueno conmigo, me quería tanto... y yo lo hice sufrir durante cuatro años. Si no se hubiera cambiado el nombre mientras vivía en el extranjero, quizás su abuelo habría podido encontrarla y no se habría angustiado tanto. —No, tengo que encontrarlo. Debo convencerlo de que acepte el tratamiento. Dicho esto, se apresuró con ansiedad hacia la puerta. Ethan notó que sus emociones estaban desbordadas y, temiendo que pudiera correr peligro si conducía así, la siguió con las llaves del auto en la mano. Samantha llegó al garaje y se dio cuenta de que las llaves estaban en su bolso… que había olvidado en su prisa. Se dio vuelta para volver a la casa, pero Ethan la detu

