Cinco minutos después. Alexander le entregó a Suzy un conjunto de ropa informal que usaban las sirvientas, sonriendo: —Mami, deberías cambiarte de ropa. Quiero jugar fútbol, y lo que llevas puesto no es adecuado. Suzy se quedó pasmada. —¿Jugar… jugar fútbol? Por un momento pensó que había oído mal. Alexander asintió, sacando un balón de fútbol nuevo de detrás de él, con una sonrisa inocente. —El mayor deseo de mi vida es jugar fútbol con mi mami. Mami, tú me amas mucho. Seguramente cumplirás mi petición, ¿verdad? La expresión de Suzy empezó a resquebrajarse. ¿Cómo podría Alexander dejarla ir tan fácilmente? Frunciendo los labios y forzando los ojos, dejó que las lágrimas le llenaran el rostro. —Snif… Dices que me amas, que me extrañas, que te importo… ¿Era mentira? En realidad no

