Ojos sobre nosotros 21 —Ten cuidado, está caliente. —Dijo, entregando la taza de té de menta. Lo sostuve con cuidado, y lo llevé a mis piernas para darme algo de calor. Me tiritaba el cuerpo como si tuviera frío, pero era más bien algo interno, que ni el té calmaria. —¿Estás mejor? Alcé la mirada, y me encogí de hombros. —Tu lo has visto primero Alina. Fue aterrador, él era aterrador. —Estruje la taza. —¿Entiendes lo que quiso decir? —Malo, seguro. —Respondió sin más, con la mirada perdida en el suelo. — Es el culpable de todo esto, y viene a por ti, o más bien… —Por algo mío. —Añadí con una mueca. El silencio se posó sobre nosotras, aislandonos en nuestras mentes. Bebí la taza de té despacio, dejando que su temperatura alivie la ronquera que sentía. Había muchas claves en el me

