La reunión 33 Sam salió de su hogar cuando nos estacionamos frente a la entrada. La lluvia era cada vez más fuerte, y los relámpagos más constantes, seguidos de truenos amedrentadores. —Puedo sola. —Le dije a Thomas, cuando vi que intento inclinarse hacia mí para ayudarme con el abrigo. Quise agarrarla, pero él la tuvo primero. Bufé. —Que si puedo. — Protesté, tratando de arrebatársela. —Deja de quejarte y muévete hacia delante. —Se rio. —¿Por qué eres así? —Reproché. —No recuerdo que fueras tan mandón. Alzó una de sus cejas. —Estoy cuidándote, no mandoneándote. Hice un sonido con la boca de pura ironía. —Claro, cuidándome. —No recuerdo que fueras tan berrinchuda. —Dijo con un tono burlón. Clavé la mirada con fastidio en su rostro, y me moví bruscamente hacia delante,

