Marcos Melissa y yo pasamos una noche maravillosa, ella se comprometió aún más, hasta me tomó desprevenida con su entusiasmo. Me despertó antes del amanecer aún más dispuesta, no me voy a quejar. Era muy temprano, los primeros rayos de la mañana comenzaban a invadir nuestra habitación. – Buenos días, querida esposa, te despertaste de muy buen humor, quien lo vea no se imagina que las actividades de la noche también fueron bastante intensas. – Ella sonrió. Nos habíamos vuelto a dormir después de que ella me despertara, pero no nos quedamos dormidos por mucho tiempo, la costumbre de madrugar por el trabajo siempre termina por despertarnos como un reloj en la cabeza, incluso los fines de semana era así. – Buenos días... tengo hambre… – Me imagino… – Levanté una ceja, sonriendo. – Les

