-Nico- Era una plácida mañana que aunque desvelados compartíamos entre risas. Tony despertó y seguido a él, como si se le hubieran quedado pegadas las sábanas, salió el imbécil de Cristian. -¿Estabas aquí anoche?- le pregunté desde la silla del comedor donde estaba sentado con Anthony mientras armábamos un rompecabezas que sacó de su habitación. Él se restregaba el ojo y giró hacia la cocina dándome la espalda por completo. -Buenos días para ti también- escuché su tono molesto, me daba igual caerle o no bien. Era una plaga y estaba ansioso por exterminarlo. ¿Sería el machismo involuntario nacido de mi instinto animal o era sólo el instinto de supervivencia el que me decía que las cosas no estaban seguras con ese intruso cerca? Me daba lo mismo, honestamente, sólo quería partirle la cara

