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2128 Palabras

-Nico- No pude dormir ni un instante de aquella noche, ¿Pero y cómo? Luego de hacerle una absurda excusa a mis padres por la visita nocturna que asustó a la muchacha, ellos me dejaron en paz, pero era mi cabeza la que no lo hacía. El gran Adrián Brown había venido hasta mi puerta a nada más y nada menos que disculparse, ¿Quién puñetas lo creería? Quizás si hubiese venido a amenazarme o a asesinarme eso fuese más creíble. El asunto era que en ese momento nada me prohibía ver a mi chica de ojos dorados, por eso intenté ocupar mi mente mientras el cielo se hacía lo bastante soleado como para que fuese respetuoso llamarla. Una hermosa bola de pelo adormecida y envuelta en sábanas color lila me contestó. -Buenos días, preciosa- dije sonriendole con diversión, ella se cubrió el rostro. -No

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