-Nico- Bajé ansioso el ascensor. Alex no había respondido mi texto y tampoco había dado señas al contestar la puerta de su habitación más allá de un “Ve bajando”. ¡Ve bajando!¿Qué carajos era eso? Yo quería verla, besarla y asegurarme de que estaba bien, de que en esas tres horas sola había estado tranquila, nada más. ¿Me pasaba de protector? Juzguenme cuando es mi chica, la mujer de mi vida, quien está en juego puedo ser más protector que un maldito San Bernardo. Estaba como perro enjaulado, pero más elegante puesto que usaba un traje, también las prendas que pesaban más que nunca como el orgullo familiar que se había inculcado en mí. Por fin llegué al piso de recepción y me quedé de pie por un rato hasta que me di cuenta de que las luces del mismo monstruo metálico iluminaban un 4. Con

