-Nico- Papá intentaba mantenerme ocupado aún cuando el dolor era insoportable. Escuchamos un golpe suave sobre la puerta. Tres, para ser exactos. Él caminó y se quedó de pie un segundo antes de mirarme sonriendo. -Nicolás, creo que esto te alegrará mucho- fruncí el ceño de inmediato. -¿Es la enfermera?- adiviné - Necesito un maldito calmante ya. Él se apartó y la puerta se abrió y con todo y el dolor no pude evitar abrir mi boca de forma exagerada ante la sorpresa de saber presente a mi chica de ojos dorados que aunque se veía deshecha como tanto me lo advirtieron, sin duda desbordaba felicidad al verme sano. -Hola, mi amor- dijo con simpleza y la voz afectada. -Alex, estás aquí- no lo podía creer y poco me importaba repetir las cosas como imbécil. Caminó hacia mí y se detuvo junto

