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1303 Palabras

Alex era mía, eso era innegable. Pero lo más reiterado era el hecho de que yo era completamente suyo, literalmente, me tenía a su merced. Ahí estaba yo, en uno de los peores momentos de mi vida, hundiéndome en mi nube de auto compasión y en el cuidado sobre mi familia, mientras la mujer que se desvivía por hacerme feliz se preocupaba por mi inconsciencia. Le di la vuelta con desesperación, besé su entera espalda hasta la curvatura de sus nalgas, sus gruesas piernas e incluso detrás de sus rodillas, Alex temblaba un poco bajo mi toque, la entendía porque me sucedía lo mismo, era la energía que vibraba entre nosotros lo que nos alteraba. Separé sus muslos y sin dudar hundí mi rostro en su interior, Alexandra se arqueó para mi y sólo quise aplaudirla. Apreté con mis dedos sus nalgas como

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