¡Desnúdenlos! —Lo bueno de todo esto es que yo tenía muchísima ventaja, primero porque sabía que en algún momento aparecerían y había dejado todo perfectamente preparado, a los ancianos los colocaría en sillas de hierro, las cuales le harían descargas eléctricas, mientras eran rociados con agua. A los que quedaron vivos del atentado, sus pobres perros, los amarraría y azotaría, quería darle la oportunidad a mis empleados de que se vengaran, sabía que ellos tenían muchas ganas de matarlos. Pero no quería que fuera fácil, pensaba dejarlos agonizar algún tiempo, dependiendo mi estado de ánimo, tenía varias cosas en mente para torturarlos, electricidad, alacranes, serpientes y algunas otras herramientas que me servirían para darle cada uno una lección distinta. Enfrente de mí tenía cinco anc

