—No me veas con esa cara, sabes bien que tienes que aceptar todas las decisiones que yo tome y esta es la solución a todos nuestros problemas. Porque no creas tú que la muerte de mi hijo será en vano, no dejaré que te salgas con la tuya, si pensabas que casarte o que João muriera solucionaba todos tus problemas, estás muy equivocada. Porque adquiriste una deuda de sangre y quiero que me retribuyas lo que me estás quitando, es lo mínimo que puedes hacer. **** Señora, me va a disculpar por lo que le voy a decir, pero usted está demente cómo se le ocurre tan siquiera concebir una idea tan retorcida y absurda como esa. Sé que cometí un error por el cual estoy pagando las consecuencias, he respetado y asumido todo lo que se me ha impuesto, pero esto definitivamente no, ¿es consciente que está

