—¿Por qué? ¿Por qué quieres que te bese? —Porque esta mañana, te entregaste a mí. —No. —Niego con la cabeza. —Mentirosa. —Yo no… Sus labios chocan contra los míos, robando mi negación. La cosa es que no sé si me estoy mintiendo a mí misma o si es la verdad. Es difícil evaluar la validez de cualquiera de las dos cuando me está besando así, como si quisiera quitarme todo. Mi capacidad de concentración se ha ido al infierno, y todo lo que siento es a él. Se aleja como lo hizo esta mañana, y me quedo sintiendo que toda mi energía ha sido drenada de mi cuerpo. —Me deseas. —Me considera con una mirada fría y acaricia mi rostro. —No—respondo con firmeza. —Te lo dije, no me gustan las mentiras. Tengo curiosidad por saber por qué crees que deberías seguir mintiéndome cuando tu cuerpo te tra

