CONTINUACIÓN Después de casi diez minutos Andrew regresó a la sala, me ofreció un suéter, pues la temperatura en aquel lugar había descendido a -11°c según en apararito que estaba pegado a la parte trasera de la puerta, y media la temperatura externa; y a regañadientes me lo puse. —¿tienes hambre?. Reí seca, abrazando mis piernas sobre el sofá. — ¿me darás pan y agua tal como lo hacía Donan?. —No me compares con ese imbécil. Su voz sonó tan sombría que hasta yo me di cuenta de que mi comentario se había pasado de los límites permitidos. Me había ido por donde no debía, tanto por su lado como por el mío. No lo sé, supongo que simplemente lo dije sin pensar, guiandome por la rabia que sentía. Aún así, no me permití retroceder o a adelgazar el muro que nos separaba. —Los dos

