Ailen Me mira desconcertado. Sus párpados tiemblan apenas al intentar mantenerlos abiertos, y su mirada vaga, como si no supiera exactamente dónde está. Aún sostiene mi mano con debilidad, como si ese contacto fuera su único ancla. Me inclino hacia él para chequear sus signos. Respira con dificultad, los labios resecos, la piel algo pálida. El monitor cardíaco acelera un poco. —Va… —balbucea. Su voz es apenas un susurro, casi inaudible. Le cuesta hablar. Se le seca la boca de inmediato y traga con esfuerzo, incómodo—. Va…ni… Le acerco una gasa húmeda a los labios, con cuidado. —Tranquilo… —le digo en voz baja, viéndolo luchar por mantener la conciencia—. Estás a salvo. ¿Recuerdas algo? Parpadea, como si procesar la pregunta le tomara tiempo. Después, muy lentamente, asiente. Su mirad

