Descubrir, perder, caer Lea entró a su nueva oficina con una sensación agridulce. Era un logro, sí. Un ascenso merecido. Pero la soledad que sentía al caminar entre los pasillos, sin miradas cómplices, sin esa emoción de antes, la hacía sentir hueca. Paola le entregó una laptop con una sonrisa amable, de esas que parecen de cortesía… pero en sus ojos había algo más. —Te dejo esta, es la que usabas antes —dijo, con voz serena. —Gracias —respondió Lea, sin notar la tensión oculta. Horas más tarde, Paola, en su oficina, encendió la laptop y… ahí estaba. La sesión de w******p seguía abierta. Curiosa, o quizás solo buscando confirmar lo que intuía, empezó a leer. Una conversación larga, íntima, llena de confesiones, anhelos, pasiones. Frases que desgarraban su orgullo: > “No hay

