Capítulo 4.

1251 Palabras
Las manos grandes de Adrien recorrían todo mi cuerpo, sentía la electricidad por todo mi cuerpo, y cuando sus labios tomaron preso uno de mis pezones y sus dedos no dejaban de entrar en mí, tuve un orgasmo, el mejor y más intenso que había tenido en mi vida, sonreí intentando normalizar mi respiración, lo agarre de sus hombros desnudos y musculosos obligándolo a acostarse, me subí sobre él y comenzamos a besarnos sin parar. Parecíamos lobos hambrientos de más, y eso me encantaba, me estiré hacia mi bolso que estaba en el suelo y saqué un condón, lo abrí bajo su atenta mirada, Adrien puso los brazos detrás de su cabeza mientras no me quitaba la vista de encima, puse el condón en su m*****o, y luego lo introduje en mi interior, cierro los ojos, sentía que me llenaba por completo. —Vamos nena, comienza a moverte —dice Adrien, abro los ojos, él pasa sus manos desde mi espalda hasta mi trasero y me da una nalgada, yo sonrío y comienzo a moverme. —¿Así te gusta? — —Así me encanta —dice, me agarra del pelo y me besa, mientras él comienza a bombear rápido, ahoga en su boca mis gemidos. Adrien me da vuelta, coloca mis piernas en sus hombros y entra en mí lentamente. —¡Oh dios! —digo cerrando los ojos al sentirlo tan dentro, un escalofrío me recorre todo el cuerpo, Adrien da un beso en mi pierna desnuda y comienza a bombear, cierra los ojos al igual que yo. No sabía si era porque estaba media borracha o no pero se sentía muy bien, nunca se había sentido tan rico. —¡Ponte en cuatro! —ordena, hago lo que me dice. Después de unos minutos en esa posición, con Adrien dándome nalgadas y agarrándome del pelo, fue tanta la excitación que tuve el mejor orgasmo de mi vida. ┈┈┈••✦○✦••┈┈┈  Estaba lista para irme a la reunión, había despertado en el dormitorio del hotel al cual habíamos ido anoche con Adrien, cuando desperté él estaba durmiendo y yo completamente adolorida, pero en el buen sentido, había sido una noche brutal, lo habíamos hecho como cuatro veces, por lo que había dormido una tres horas. —¿Cómo estás? —pregunta Roberta guiñándome un ojo, yo asiento sonriendo. —Bien, ¿tú? — —Bueno, te veo muy bien —dice riendo. —Tengo que ir a la reunión, me llamaré un Uber —digo, Antoine no estaba, había partido muy temprano a la oficina, Roberta niega. —Mi auto está en la cochera, úsalo —dice, se acerca a una estantería donde habían un par de llaves y me tira las que asumo son de su auto, las miro y enarcó una ceja. —¿Un Audi perra? —digo, ella ríe. —Nena, aquí la vida es mucho mejor —dice, yo asiento. —Ya me estoy dando cuenta — Tomo las llaves, le doy un beso en la mejilla y salgo, definitivamente era un elegante Audi de color n***o, se veía nuevísimo así que no creo que Roberta lo tenga desde hace mucho tiempo. Los asientos de cuero y el olor a frutilla me embargan por completo. Manejo por las calles hacia el edificio de la empresa, es muy hermoso,  y la gente no se como en la ciudad, no se ven tristes y estresados, sino relajados y hasta podría decir, felices. —Buen día, debe ser la señorita Agatha Rosales —dice un hombre en la puerta, yo asiento—. Los accionistas la están esperando en el piso nueve —dice él, yo asiento y me dirijo hacia los ascensores. La empresa estaba muy decorada, a pesar de estar llena de colores sobrios, tenía una u otra cosa que salían de ese común y lo hacían ver más prolijo, mi empresa allá también estaba decorada así, parecía que este tipo de compañías, dedicadas al rubro financiero, solo tenían una decoración. Según yo, el color lo hacía ver más elegante y serio. Salgo del ascensor, una señora se acerca a mí sonriendo. —Buen día señorita Agatha, soy María, la guiaré hasta la sala de conferencias, el señor Adrien estará en breve con usted —dice ella, yo asiento, cuando dice el nombre Adrian, algo  me recorre hasta la entrepierna al recordar la noche anterior.  —Entiendo, gracias —digo sonriendo. En la sala de reunión aún no hay nadie, tiene un ventanal del porte de la longitud de la sala, se ve todo parís, literal, me asombro de la vista tan espectacular. —¿Quiere que le traiga algo? —  —Un café con una de azúcar —digo, la mujer asiente y se va. Dejo mi bolso en el asiento y me quedo mirando la vista. —Disculpeme señorita por el retraso, María me avisa que ya le trae el café —dice la voz de un hombre, me tenso completamente y me doy vuelta sorprendida, Adrien no se sorprende al verme. —¿Adrien? — —Hola preciosa, ¿Por qué te fuiste?, nos habríamos venido juntos —dice sonriendo. Se ve guapo, con ese traje n***o a medida, el pelo perfectamente peinado, Adrien se acerca a mí, y pronto me llega el olor varonil de su perfume. —¿Sabías que era yo? —pregunto, él asiente. —Normalmente no mezclo placer y negocios, pero no me pude resistir —dice. —Sabía que tu nombre me sonaba de algún lado —digo, él asiente y me hace un ademán con la mano para que me siente. —Muy bien señorita Agatha, la invito a sentarse para poder hablar de negocios, y luego si quiere podemos hacerlo en la mesa, ya sabe, para cerrar el trato —dice sonriendo, yo ruedo los ojos pero sonrío. —Bueno, comencemos —digo. —Acepto —dice Adrien después que le presento todos los argumentos, yo asiento. —Muy bien, yo sabía que lo harías  —digo, él enarca una ceja. —¿Por comprarme con sexo?  —pregunta, yo me largo a reír. —No te compre con sexo, soy una mujer inteligente que sabe lo que hace, soy muy buena haciendo mi trabajo —digo, enderezándome en el asiento, Adrien asiente. —Lo sé, me acabo de dar cuenta, señorita Agatha — —Eso está muy bien, señor Adrien — —¿Cuando te vas? —pregunta, yo me encojo de hombros. —No lo sé, quizás me quede unos días como vacaciones —digo, él asiente—. Tengo ganas de conocer París antes de volver a las cuatro paredes de mi oficina —digo. —Déjame invitarte a tomarte un café, conozco una cafetería que creo podría gustarte —dice. No debería, la verdad somos socios, pero ya me acosté con él así que… —Está bien —digo, él asiente, se levanta y me ofrece la mano. —¿Será que también me deja escoltarla? —me tomo de su brazo riendo. Agarro mi bolsa y me afirmo de su brazo para luego comenzar a caminar, le sonrío en modo de despedida a María. —Cancela todas mis reuniones de hoy —dice Adrien a María, ella asiente. —Por supuesto señor —  Yo lo miro sorprendida. —¿Es porque vamos a tomar un café? —pregunto, él se encoge de hombros. —No conoces París, quiero mostrarte la ciudad —
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