Alexander Gil. ¿Alguna vez has sentido como todo tu mundo se viene encima? Yo sí, no sabía qué hacer, como controlarme o que pregunta lanzar. Yo solo estaba viendo como los muros de aquel mundo tan—casi— perfecto se venían abajo. Aquel nudo en la garganta se formó, mis ojos se nublaron por las lágrimas que trataba de retener y las manos me sudaban. Esto no podía estar pasando. No a ella. Tenía bastantes preguntas que hacer, tenía que hacer algo por ella, tenía que ser fuerte, tenía que ayudarla, tenía que estar con ella, apoyarla en lo que fuera y tratar que ella fuera fuerte, más de lo que ya era. Una semana, una semana había pasado en donde no sabía nada de ella, una semana en donde las llamadas que hacía me mandaban a buzón de voz, una semana en donde la esperé en la

