Narrador omnipresente. Ambos chicos se observaron a los ojos, con la mirada se decían más que mil palabras. Ellos se entendían a la perfección. No tenía que haber palabra de por medio para poder entenderse. Ellos eran únicos. Ellos eran únicos en su forma de amar y querer. Ellos se entendían perfectamente. Sus cuerpos se comprenden. Ellos se comprenden Las manos de Sofía sudaban mientras que Alexander temblaba como una gelatina. Nunca en sus vidas se habían sentido tan nerviosos, sin embargo, ahí estaban los dos, declarándose su amor de una manera demasiado...¿pura? — ¡Silencio, silencio!— gritó Lewis mientras agitaba una hoja con su mano—, que los novios van a decir sus votos. No, no era una boda como muchos lo esperábamos. No era una boda real, no era algo que los uniría para toda

