Alexander Gil. El regreso a casa no fue tan desastroso como el de ida. ¿A quién quiero engañar? Claro que fue desastroso, incluso más desastroso que el anterior. Grité, lloré e incluso, casi me meo. Por otro lado, Sofí solo se reía de mí. Esto era vergonzoso. Bastante diría yo. Por suerte, para mí, ya estábamos a salvo en España, en mi país. Mamá no venía con nosotros, venía con Emilio en otra camioneta, el que si venía con nosotros era Iker y se burlaba de mi miedo por lo aviones y por las alturas. Sería la burla de Lewis y de Hugo en los próximos tres años de mi aburrida vida si Iker les contaba lo sucedido. Suspiro. Observo hacia mi lado izquierdo, en donde se encontraba Sofía con los auriculares puestos y con el ordenador de su padre en las piernas, estaba escribiendo. Por lo que h

