¿Me vas a traicionar después?

1122 Palabras
Reese se dejó caer de nuevo en su asiento y, de repente, el ambiente a su alrededor cambió. La gente ya no la miraba mal, probablemente porque la vieron derribar a Isaac en la cafetería. ¿Quién diría que una chica tan menuda pudiera derribar a un hombretón como ese? Increíble. La gente seguía chismeando, y algunos incluso le pusieron un apodo. La Hulk. ¿En serio? Qué apodo tan horrible. Reese se rió, negando con la cabeza, justo cuando su teléfono vibró en la mesa. Era Calvin. -¿Qué pasa? —Reese, hay una subasta esta noche con esa pulsera que te encanta. ¿Quieres ir? Sus ojos se iluminaron al escuchar sobre la pulsera. —¿Es en serio? No estaba para otra decepción. La última vez, la emocionaron por nada y resultó ser una falsificación. Un chasco total. Calvin sonaba seguro. -Esta vez es legítima, pero va a costar un dineral. —Mientras sea la verdadera, ¿cuándo me ha importado el precio? —Entonces, ¿paso a recogerte o vienes por tu cuenta? Calvin sabía que su situación actual era un poco complicada. Ahora que estaba casada, a veces tenía que mantener las apariencias. No es que a Reese realmente le importara eso. —Pasa a recogerme. Te mando la dirección más tarde. Calvin le había conseguido un coche antes, pero ahora que era parte de la familia Flynn, llegar en un coche de lujo podría no ser la mejor idea. Calvin estaba emocionado. —¡Dios! ¡Voy a ver a Reese! ¡Qué emoción! Reese puso los ojos en blanco. —Vale, tengo que irme. Hasta luego. Guardó su teléfono, riéndose de la situación. La pila de documentos que Everly le entregó a Reese fue pan comido. Reese era una genio de las finanzas, y organizar datos era un juego de niños. Además, tenía memoria fotográfica. Podía echar un vistazo a los datos una vez y quedaban grabados, sin necesidad de revisar dos veces, lo que la hacía súper eficiente. A las cinco en punto, mientras todos los demás seguían trabajando, ella ya estaba empacando para irse. Al pasar por el escritorio de Susan, Susan se levantó y la llamó. —¿Adónde crees que vas? —Me voy. La jornada laboral ha terminado, ¿no? —Había leído el manual del empleado; la hora de salida era a las cinco. Además, había terminado sus tareas. Susan sonrió con desdén. —Eres nueva aquí. En lugar de quedarte para aprender cómo van las cosas, ¿ya te quieres ir? Mira a tu alrededor, tus colegas siguen trabajando duro. Reese miró a su alrededor. Claro, la gente seguía trabajando, pero ¿y qué? —Terminé el trabajo. Me voy a la hora, no temprano. Susan no esperaba que Reese hubiera terminado todas las tareas que le había asignado. Era suficiente trabajo para dos personas. Reese no tenía la experiencia ni el historial, así que ¿cómo lo hizo tan rápido? Con una ceja levantada, Susan parecía intrigada. —Está bien, muéstrame. Reese no era tonta; sabía que tenía que dejar las cosas claras. —Si te lo muestro y todo está en orden, ¿puedo irme? Susan no podía creer que Reese hubiera terminado esa montaña de trabajo tan rápido. Incluso si trabajara sin parar, le tomaría al menos hasta las 8:30 terminar. Estaba ansiosa por ver cuánto había hecho Reese. Luffing. —Está bien, si lo entregas para inspección y no hay problemas, puedes irte. Reese dejó caer una gruesa pila de documentos frente a ella. —Adelante, revísalo. Pero tengo planes después del trabajo, así que quizás quieras conseguir a alguien que te ayude. Eso acelerará las cosas. Susan le lanzó una mirada despectiva. —Vaya, no solo sabes dar un buen golpe, sino que también eres muy engreída. Reese se quedó callada. Si era engreída o no, Susan lo descubriría pronto. Calvin podría tener que esperar un poco más en la puerta. Susan se volvió hacia un colega cercano. —Tú toma la mitad y revisa conmigo. Sé minucioso y señala cualquier problema, por pequeño que sea. -Entendido, Susan. Reese se quedó allí, desplazándose por su teléfono, luciendo completamente despreocupada. Susan seguía mirándola de reojo, pero a Reese no le importaba en absoluto. ¿De verdad podría haber terminado? No puede ser. Después de media hora, los dos terminaron de revisar. El cuello de Susan estaba adolorido de tanto escrutar, y no pudo encontrar un solo error. Puso sus esperanzas en su colega. -¿Encontraste algún problema? —No, todo está perfectamente lleno. El rostro de Susan se oscureció. Maldita sea, no pudo atrapar un error de esta chica. Reese cruzó los brazos y preguntó con indiferencia: —Entonces, Susan, ¿puedo irme ahora? ¿Qué podía decir Susan? Había prometido que si no había problemas, Reese podría irse de inmediato. Aunque estaba furiosa, no tenía otra opción. Susan agitó la mano con desdén. —Vete, lárgate de aquí. —¡Hasta luego! —Reese balanceó su bolso de trabajo y se fue. Reese salió del despacho con paso firme. Los otros colegas gimieron. —Incluso el novato se va, y nosotros estamos atrapados haciendo horas extras. Aún furiosa, Susan le gritó al quejica. —Si no quieres hacer horas extras, ve y díselo al señor Flynn. La oficina quedó en silencio, el único sonido era el tecleo de los teclados. Reese salió del edificio y se subió al coche de Calvin, un Ferrari rojo llamativo. Calvin lo había modificado, convirtiéndolo en un verdadero imán de miradas en la carretera. Calvin estaba a punto de saludarla cuando vio su piel oscura, su flequillo pesado y sus pecas. Estaba tan sorprendido que casi soltó una palabrota. —¿Quién... quién demonios eres tú? Reese le dio un golpe en la frente. —¿En serio no me reconoces? Calvin entrecerró los ojos, mirándola más de cerca, aún escéptico. —¿De verdad eres tú, Reese? ¿Qué te ha pasado? ¿Dónde había quedado la impresionante belleza de Reese? La mujer frente a él parecía una campesina total. Reese miró la hora, ansiosa por llegar a la subasta de su pulsera de jade. —Solo conduce, amigo. No es como si te fueras a casar conmigo. Aún necesitaba comprar un atuendo, lo cual tomaría algo de tiempo. Su apariencia actual la avergonzaría frente a alguien que la conociera. Después de todo, en Atlanta, aún nadie conocía su identidad. Al escuchar su tono familiar, Calvin ahora estaba seguro de que era Reese. Se dirigieron a ver a un maquillador, cambiaron su ropa y le hicieron un cambio de imagen completo. El maquillador era un profesional de clase mundial, especialmente contratado por Calvin para Reese.
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