Malcolm no pudo evitar soltar una suave risa. —¿Por qué tantos nervios? —¿No tienes prisa? Anda, ve —instó Reese impacientemente, su inquietud nacida más de la ansiedad que de la molestia. Cuando Malcolm levantó su camisa, una brisa fresca rozó su piel, haciendo que Reese se estremeciera. Su piel era suave y delicada, excepto por un moretón profundo en su cintura; parecía que alguien realmente le había dado fuerte. Debió soportar el dolor porque la mayoría de las personas estarían fuera de combate con ese tipo de herida. Sus dedos, fríos pero gentiles, tocaron el moretón, haciendo que Reese respirara bruscamente. —Ay... —¿Por qué no lo sentiste antes? Pelearte así, ¿estás loca? Las palabras de Malcolm normalmente eran suaves y tiernas hacia Reese, pero hoy su tono estaba cargado de

