Al ver la expresión engreída de Reese y recordar lo cariñosos que eran juntos, casi hizo que Everly perdiera la cabeza. Se llevó las manos a la cabeza y soltó un grito agudo y desesperado. —¡Mujer sinvergüenza, hoy te voy a dar una lección! Con eso, Everly levantó la mano, apuntando una bofetada a la cara de Reese. Pero la mirada de Reese se volvió afilada mientras esbozaba una sonrisa burlona. Antes de que la mano de Everly pudiera hacer contacto, Reese le agarró el brazo y la lanzó sobre la cama, volteándola ágilmente para sentarse sobre su espalda, presionando sus piernas. Los gritos de agonía de Everly llenaron la habitación. —¡Ah... me duele mucho! ¡Alguien, ayúdeme! ¡Esta mocosa intenta matarme! Al escuchar el grito de Everly, el personal se apresuró a entrar. Eran muchos, per

