Tarjeta de Edición Limitada Global

1521 Palabras
Dahlia pensó que Reese solo estaba presumiendo. —A ver... qué clase de magia tienes para comprar ropa de este lugar. Reese eligió unas prendas, luego agarró algunas más y las dejó en el mostrador. —Me llevaré todas estas. Dahlia se quedó allí con los brazos cruzados, lista para ver a Reese hacer el ridículo. Probablemente no tenía idea de lo caro que era todo esto: cada pieza costaba al menos decenas de miles de dólares. Y estaba eligiendo las ediciones limitadas, lo que significaba que el precio se duplicaba ya que solo había una talla disponible para cada una. Mirando el atuendo de Reese, Dahlia pensó: "Incluso si usara esta ropa, seguiría siendo un patito feo". El dependiente estaba igual de sorprendido. Esta chica, vestida tan sencilla, tenía un don para elegir los artículos más caros de la tienda. No podía decidir si Reese era afortunada o simplemente ignorante. Pero bueno, una venta es una venta. El dependiente preguntó —¿Vas a pagar con tarjeta o en efectivo? —Tarjeta. Reese sacó una tarjeta de su bolso y se la entregó al dependiente. Al principio, el dependiente pensó que era solo una tarjeta de crédito normal y no le dio mucha importancia. Después de todo, mucha gente usaba tarjetas de crédito hoy en día, pagando a plazos para mantener las apariencias y todo eso. Pero cuando pasó la tarjeta, sus ojos casi se le salen de la cara. Esta tarjeta... no era una tarjeta ordinaria. Miró a Reese con asombro. ¿Quién era esta chica de aspecto tan simple? La mirada del dependiente era un poco extraña, y Reese sabía exactamente lo que estaba pensando. Echó un vistazo a la caja registradora. —¿Qué haces ahí parado? Apúrate, tengo que irme. -Oh, cierto, lo siento. Solo un momento. Después de pasar la tarjeta, el dependiente se la devolvió a Reese, pero antes de que pudiera tomarla, Dahlia la arrebató. —Déjame ver eso. Dahlia examinó la tarjeta. Era negra, pero la textura era diferente, no como una tarjeta de crédito común. Parecía discreta, pero Dahlia tenía la sensación de que esta tarjeta era algo especial. El chico a su lado la reconoció de inmediato. —¿No es esta la Tarjeta Centurion Black? Solo hay tres en el mundo. ¿Cómo demonios tiene una ella? Dahlia se giró, con los ojos bien abiertos. —Nicholas, ¿estás seguro de que esta tarjeta es tan valiosa? Nicholas asintió. —La vi una vez con un tipo realmente rico. Esta tarjeta es como un pase universal para tratamiento VIP en todas partes. La persona que la posee es literalmente alguien importante. Dahlia continuó, —¿Sabes quiénes tienen estas tarjetas? —Una es Malcolm de la familia Flynn, y otra es Simon Brown. —¿Y la tercera? —Nadie lo sabe. Es un misterio. Se rumorea que es una mujer, increíblemente hermosa, con un aura que dejaba a todos sin aliento. Pero eso es solo un rumor. La narración animada de Nicholas tenía a todos en la tienda llenos de curiosidad-todos excepto Reese, que se mantuvo tan fresca como una lechuga. Incluso le parecía un poco gracioso. ¿Cuándo se volvió tan legendaria su reputación? Claro, mantenía un perfil bajo, pero esto era otro nivel. ¿Increíblemente hermosa, con un aura extraordinaria? Dahlia no pudo evitar pensar que sonaba un poco como Reese. A pesar de su aspecto actual sencillo, Dahlia había visto su verdadero rostro, que era realmente impresionante. Simplemente no podía entender por qué Reese se uniría a la familia Flynn luciendo tan fea. Pero le venía bien. Le gustaba que Reese fuera poco destacada; la hacía brillar aún más. Dahlia miró a Reese, llena de dudas. -¿Sería Malcolm realmente tan generoso como para darte una tarjeta tan prestigiosa? —Mi esposo me mima. ¿Es tan difícil de creer? ¿Por qué no le pides al chico a tu lado que te dé una tarjeta también? Así no tendrás que seguir cambiando de novios. Si tu mamá se entera de que estás saliendo con alguien mucho mayor, podría querer estrangularte. Reese nunca se contenía cuando se trataba de responderle a Dahlia. Solo ella sabía cómo su madre había sido llevada a la muerte por Dahlia y su madre, cómo Nancy se había metido en la vida de Kenneth y lo había convencido de enviar a Reese al campo. Hasta el día de hoy, pocas personas sabían que la familia Brooks tenía otra hija. Pero a ella no le importaba ese título en absoluto. Dahlia miró a Reese con furia. —Puedes decir lo que quieras, pero incluso si lo haces, mi mamá no te creerá. —¿En serio? ¿Y si le envío las fotos tuyas en el hotel? ¿Crees que entonces lo creerá? —Tú... ¿cómo lo sabes, Reese? ¿Me estás espiando? Dahlia se puso pálida como un fantasma. Sí, había alquilado una habitación con Nicholas una vez, pero solo porque tenía el ojo puesto en un coche espectacular. Las finanzas de su familia estaban por los suelos, y la empresa también se estaba hundiendo. Así que Nancy y Kenneth le habían recortado la mesada, ni hablar de comprarle caprichos de lujo. Y ahora, incluso esa bruja de Reese vivía mejor que ella. No podía dejar que eso pasara. Reese simplemente sonrió con suficiencia. ¿Acecharla? Por favor. Era una hacker de primera categoría. Si quería desenterrar algo sucio de alguien, era pan comido. Recuperó la tarjeta, la lanzó en su bolso y levantó la barbilla con confianza. —Si no quieres que la gente se entere, no lo hagas en primer lugar. Con eso, Reese agarró su ropa y salió de la tienda con la cabeza en alto. Dahlia la vio irse, furiosa. Lanzó su teléfono y soltó un grito. 'Maldita sea, tengo que encontrar la manera de lidiar con ella', pensó. Viendo a Dahlia tan alterada, Nicholas pasó su brazo por su hombro. -Vamos, cariño, no dejes que esa perra te afecte. ¿No ibas a comprar algo de ropa? Adelante, elige algo. Los ojos de Dahlia se iluminaron con una idea. —Si de verdad te importo, haz que se la devuelvan. Quiero que quede totalmente humillada. Una vez que la reputación de Reese estuviera arruinada, no había forma de que la familia Flynn la mantuviera cerca. Nicholas sintió una punzada de culpa, pero no quería parecer débil frente a Dahlia, así que inventó una excusa. —Pero cariño, ella es parte de la familia Flynn. Si Malcolm descubre que nos metimos con su esposa... estamos fritos. A Dahlia no le importaba eso. Estaba enfocada en hacer que Reese pagara. Le lanzó a Nicholas una mirada y comenzó a hacer pucheros. —¿No dijiste que te gustaba? Dijiste que me darías todo lo que quisiera. ¿Ahora te echas atrás? Al escuchar la voz seductora de Dahlia, Nicholas se sintió acalorado y decidió arriesgarse. —Está bien, lo que digas. Pero esta noche, más te vale que lo hagas valer la pena. Nicholas se pegó a Dahlia mientras hablaba. Después de que se fueron, la dependienta negó con la cabeza. —Vaya, algunas personas harán cualquier cosa por dinero. ¿Esa pareja de ahora? Me dieron escalofríos. Uno de ellos miró la computadora. -¿Por qué sigue la nformación abierta? ¿No cerraste el sistema? —El nombre en esta tarjeta es Reese. Es una chica. Se intercambiaron miradas, dándose cuenta de repente. ¿Podría ser esa chica sencilla de hace un momento...? Reese llevó su ropa al baño, se cambió y se miró en el espejo. Definitivamente se veía mucho mejor que con ese desastre floral que llevaba antes. Afuera, miró hacia las relucientes letras doradas del Grupo Flynn. Entró en el departamento de recursos humanos y dejó caer su carta de aceptación en el escritorio. —Listo para empezar. La persona apenas levantó la vista hacia ella. —De acuerdo, ve a reportarte a tu departamento. Ellos te asignarán un lugar. Masticando chicle, Reese se dio la vuelta y se fue. Unos cuantos se reunieron, susurrando. —¿Es ella la que entró sin entrevista? —Ni idea de qué va. Pensé que debía ser una belleza para entrar así. Pero ahora, no estoy tan seguro. —¿Cuál es su plan? —Ni idea. Reese se dirigió a la oficina del director y llamó a la puerta. —Adelante. Esa voz la hizo detenerse. ¿No era Everly? Se había encontrado con ella de nuevo. Ninguna de las dos chicas de la familia Flynn la quería, así que parecía que se avecinaba un enfrentamiento. Abriendo la puerta, Everly vio a Reese y no se mostró sorprendida. Había estado esperando esto. Reese sabía que a Everly no le caía bien y no se molestó en tratar de ganarse su simpatía. Solo la haría parecer débil, y no podía permitirse eso. -¿Dónde está mi lugar? —Sígueme, te lo mostraré. Everly se levantó y pasó junto a Reese. Reese hizo una burbuja con su chicle y la siguió justo detrás.
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