Charles se quedó paralizado, su mundo sacudido como por un trueno, casi tambaleándose por el impacto. ¿Cómo podía esta joven poseer tal evidencia? No era posible. Si la tenía, entonces, ¿qué pasaría con Robert...? Frente a tantos testigos, una admisión de su parte equivaldría a confesar su propia difamación contra Robert. Su reputación en el campo médico se haría añicos. Una vez respetado, se convertiría en el blanco de todos sus antiguos adversarios. No podía permitirlo. Fingió compostura, pero sus puños se apretaron con fuerza. —Si estás tan segura, entonces muéstrame la evidencia — desafió Charles con falsa valentía. Una sonrisa helada se dibujó en los labios de Reese mientras miraba a Charles, quien aún negaba su inminente perdición. Podría haberlo perdonado si tan solo se hubie

