20. MI MUJER

1458 Palabras
CARLA Estamos en medio de la extraña conversación, Antonio luce confundido, pero por un momento sentimos esa cercanía entre nosotros que tanto extrañábamos. Es lo más cerca que hemos estado desde que volvimos a vernos, con mis amigos es más fácil dejar de actuar como si nuestra relación no fuera cercana. - Vaya, están muy entretenidos – interrumpe Javier, las risas terminan. - Javier, buenas noches – Alana intenta ser diplomática, su papel cuando debe mantener un perfil profesional. - Qué desagradable volver a verte, pensé al fin estabas fuera de nuestro club de amigos – Emmet siempre sincero. - Eso quisieras huerfanito – me toma del brazo, contengo mi cara de fastidio, pero no puedo causar problemas ahora. - Creo que es mejor irnos para evitar escenas – Ala toma a su hermano del brazo, este no deja de sonreír, ignorando la provocación que acaba de recibir, Antonio no sabe qué hacer. - Sí bebé, es lo mejor. Chiquitita – me da un beso en la mejilla – es un +1, lleva a alguien que lo valga. Campeón, suerte en este ring – palmea a Antonio. - Bebé, amé verte – Ala me abraza - un gusto vaquero – le da un beso en la mejilla – debes ir a cenar a mi casa algún día, tenemos 2 chefs estrellas que van a adorar les hables de tus productos. Adiós Javier – le da solo un movimiento de cabeza, está molesta, no va a demostrarlo, pero sé que quiere golpearlo. - Cuántos años conociéndonos y nunca me has invitado a tu casa. - Sabes que mi mamá por el momento no está rescatando perros de la calle – amo sus insultos educados. - Pronto compito contra ti, el tiempo avanza y tú… tú serás de mis primeros objetivos – Emmet le da una última mirada a Javier y ambos hermanos se alejan. - Disculpa la vergüenza de ese par – le habla a Antonio. - Fueron muy amables – este responde con frialdad. - No debes fingir, yo no sé por qué Catalina aún no entiende que no están a nuestro nivel – sonríe, pero su mirada es fría, molesta. - Es suficiente, no quiero seguir aquí, ya cumplí con mi deber de presentarme. No soporto su actitud de superioridad, de juzgar a otros, de menospreciar a las personas que son importantes para mí por creer no le sirven para algo. Me alejo de ambos, Javier me sigue, llegamos al parqueadero donde espero junto al carro de mi hermano para que me lleve a casa, busco en mi celular su nombre para llamarlo. - Eres una malcriada, pero me estoy cansando de tus berrinches – intenta quitarme el teléfono. - Tu papá me pidió me casé contigo para mantenerte lejos de los problemas y así lo haré, quieras o no – me toma del brazo y trata de llevarme a su auto. - No lo haré, no soy una cosa para que te creas mi dueño, ¡déjame! – forcejeo tratando de soltarme de su agarre. - Me tienes harto – me da una cachetada, siento mi cara arder, nunca nadie me había golpeado. Incluso mi padre en lo severo que se volvió, jamás me levantó la mano. - Eres un – escucho una voz familiar, mientras una silueta conocida avanza y empieza golpea a Javier enviándolo al suelo. Este se para y le devuelve el golpe, el cual no le hace ni cosquillas a Antonio quien vuelve a pegarle hasta enviarlo contra el carro donde sigue asestándole puños. Veo la sangre y me asusto, no quiero se meta en problemas por mi culpa. - Basta, Antonio ¡basta! Por favor cálmate - me pongo frente a él intentando apartarlo, lo cual me cuesta un poco. - Que ese tipo no se vuelva a acercar a ti, porque no respondo – me mira señalándolo - ¿escuchaste? – vuelve a caminar hasta Javier, quien está recostado en su carro intentando levantarse bien – no te atrevas a dañar a mi mujer, o la próxima vez no me detendré hasta dejarte sin dientes. Esa frase hace eco en mi mente mientras esbozo una sonrisa sin dejar de verlo y apreciar su bellísimo rostro aún enojado, con sus cejas fruncidas, con su mandíbula tensa y los músculos de sus brazos marcados, igual que cuando me salvó del caballo. Provoca que miles de mariposas en mi estómago revolotean, que fuegos artificiales se escuchen. Tomo su mano atrayéndolo a mí para que no vuelva a golpear al infeliz ese, regresa a verme revisando mi mejilla la cual acaricia. Pega su frente a la mía, mientras nuestras respiraciones se sincronizaban. Se aparta y me lleva hasta su auto, abre la puerta del copiloto, rodeando luego el auto para entrar. Después de conducir unos minutos noto nuestras manos se sostienen, él mira fijo el camino, aún con su rostro serio. Se detiene en una gasolinera, me suelta y lo veo bajarse sin decir una sola palabra. Regresa con una botella de agua y algo de hielo, me entrega ambas en cuanto sube, respira profundo golpeando el volante. - ¿Hace cuánto te pega ese idiota? – lleva sus manos a su cabello, sin mirarme. - Es la primera vez. - No lo defiendas – regresa a verme enojado. - ¡No lo hago! – me molesto – siempre fue un niño rico idiota, pero nunca me había pegado… - lo último me sale como un susurro. - ¿Qué pasó hoy? - Quería llamar a mi hermano para irme con él – golpea nuevamente el volante. - Debería regresarme a golpearlo más. - Tranquilo, no vale la pena – sostengo su mano. Respira profundo y lleva la mía hasta sus labios. Me ve más tranquilo. - Sentí una rabia incontrolable cuando ese tipo lastimó tu rostro, quería matarlo. ¿Cómo tu padre puede querer casarte con él? - Cree puede cuidarme, no lo sé, siente temor de que me quede sola. - Tienes a tu hermano, me tienes a mí. - Lo sé, pero después de lo que pasó… solo confía en él. - ¿Qué sucedió? - Estudié agronomía en contra de mi papá, quería demostrarle que me puedo ocupar de esa parte de la empresa, me gusta el trabajo en el campo, aunque no soy tan buena en la parte práctica como ya notaste. Él repudia su pasado campesino, a pesar de trabajar en ese mundo, busca distancia, complejo de inferioridad le llaman. Cuando me gradué me escapé a la hacienda que compró para mis abuelos, ellos nunca se acostumbraron en la ciudad, quería celebrar ahí el sueño que tuvimos con mi abu. El hijo del capataz era mi amigo desde niños, solo él y mi hermano sabían yo estaba ahí, bebí viendo las estrellas y me fui a dormir. En la noche alguien entró, intentó abusarme… - me paralizo recordando esa noche, sostiene mi mano con fuerza notándolo – pelee como pude con la poca sobriedad que tenía, me arrastró, me golpeó. Javier estaba en la casa de huéspedes por un tema del trabajo, escuchó los gritos, fue en mi ayuda. - Me atrae a él y besa mi frente. - El tipo, ¿cómo entró? - Nadie supo, logró huir, pero acusaron a mi amigo. Yo sé que no fue él, jamás me vendería. Hubieron teorías de que era un secuestro que terminó mal, él sigue preso, yo sé que injustamente. Papá se molestó, culpó a mi rebeldía de todo, decidió necesitaba alguien me proteja cuando él no esté. - Te prometo que voy a protegerte con mi vida – besa tiernamente mis labios. Pasamos un largo tiempo conversando, me pone al día con temas de la hacienda, le confieso lo extrañé y me confiesa lo misma. - Ya es tarde – digo. - Tienes razón. Vamos, tengo que llevarte a casa. - ¿No podemos ir a otro lado? – lo miro coqueta, se muerde los labios y suspira. - No me tentes – sonríe y me da un apasionado beso, sosteniendo mi rostro. Pienso en todo lo que quiero hacer esta noche con él, cuando mi teléfono suena arruinando el momento. - Es mi papá, Javier ya debió irle con el chisme. - Contesta. - No quiero regresar. - Es tu papá, no puedes preocuparlo así. - Pero… - Por favor, sé que está equivocado, lo resolveremos, pero si yo tuviera al mío conmigo le contestaría cada llamada – odio que logre conmoverme. - Aló… sí papá, pero él… ya voy. - Vamos, debemos hacer las cosas de forma correcta. - Odio que seas más maduro que yo – sonríe encendiendo el auto, besa nuevamente mi mano. - Yo sé que no, amas que sea un caballero.
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