—te necesitó— jadea en sus labios cerrando sus ojos. Samay muerde su labio inferior y sonríe coqueta. Sabían hacia dónde se estaban dirigiendo pero siempre el musculoso lograba qué con su coquetería pudiera llegar excitarla por completo sin siquiera haberla tocado. Samay tiñe sus mejillas inmediatamente de colorado mientras que pasa sus manos por detrás de su nuca para profundizar el beso. Él no puede hacer más que gruñir en sus labios sabiendo que tiene a la mujer de sus sueños frente a sus ojos y que por sobre todas las cosas ella es de él y nada más que de él, un pensamiento que por supuesto bastante inmaduro pero lamentablemente muy característico de los hombres lobos, es por eso mismo que se siente con un orgullo increíble al tener sus fuertes manos alrededor de las caderas de su m

